Hola! Este es el capítulo IV de los cinco capítulos de la serie Revienta el MIR! Te dejo aquí un pequeño índice para que te dirijas al que mas te interese. 

  • Capítulo I: donde introduzco el MIR y explico sus características principales. Esta parte va dirigida sobre todo a aquellos que desconocen por completo o tienen una idea muy básica del MIR. Es el conocimiento base que hay que tener para entender el resto del ensayo. Si ya tienes este conocimiento, puedes empezar directamente en el capítulo II.
  • Capítulo II: a partir de este capítulo hablo de la preparación y realización del examen MIR de un modo práctico. Esto significa que ofrezco diversas opiniones, trucos, consejos, estrategias y tácticas para ayudar al lector a tener el mayor éxito posible. En este capítulo me centro concretamente de las academias y los inicios de la preparación.
  • Capitulo III: en este capítulo abordo la fase más larga e importante de la preparación, que aborda desde el verano hasta noviembre aproximadamente. Es el grueso del ensayo.
  • Capítulo IV: donde hablo del último periodo de preparación hasta justo el día del examen. Hago mucho hincapié en la intensidad psicológica de estas semanas.
  • Capítulo V y epílogo: donde relato el día del MIR, doy unas pinceladas de la etapa del postmir.

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Capitulo IV: que viene el MIR!

“Es día 29 de noviembre y resoplas mientras hojeas el calendario.  Han pasado varios meses de dura lucha. Largos han sido los días y las noches, remando sin cesar, sin permitirte desfallecer un solo segundo. Suspirando, miras tu alrededor y observas como la guerra ha ido diezmando física y moralmente a tus compañeros. Nada queda ya de los trajes impolutos, las relucientes botas y las sonrisas eufóricas del primer día. Solo sangre, sudor y lágrimas por doquier. Numerosos camaradas ya han caído.  Pero esto solo es el principio. Pese a su corta extensión, los últimos compases de esta guerra serán los más mortíferos. Comienza ahora la fase más cruda del invierno, el apretón final. Quizás sea en este momento cuando se te vengan a la cabeza preguntas como: ¿por qué se me ocurriría alistarme en esta guerra?”. Me equivoqué al venir aquí. Ya no puedo seguir adelante.”

Si estás en tercera vuelta, a más o menos dos meses antes del MIR, probablemente te sientas identificado con esta introducción tan truculenta. Su crudeza refleja fielmente la realidad de lo sufrida que es esta etapa. A pesar de ello, hay que aguantar estoicamente el chaparrón de última hora. El día por el que has trabajado tanto está muy cerca. “Pero si los demás están cayendo -te preguntas- ¿cómo voy a mantenerme yo?” Precisamente por eso.  Si gran parte de los opositores está desfalleciendo, es tu oportunidad para adelantar. Al no cejar en tu empeño, prevalecerás sobre el resto de competidores. Si no pierdes la cabeza cuando la mayoría anda desquiciada, habrás ganado. Ya estas entrenado, únicamente tienes que mantenerte vivo. Aún quedan algunos asaltos hasta que finalmente llegue el gran día. Y cuando llegue la ocasión, que llegará, tendrás la oportunidad por la que llevas peleando mucho tiempo. Y cumplirás tu objetivo. Pero de momento, soldado, toca aguantar un poco más.

Bienvenido a la tercera y cuarta vuelta.

La tercera y cuarta vuelta. 

Desarrollo de la tercera y cuarta vuelta. De lunes a viernes. La motivación real. La fase psicológica. Los demás. El sábado. Los simulacros. Preguntas fáciles o difíciles. Ahora sí, ojo a los resultados. El domingo y los días de fiesta. Peligros de la tercera y cuarta vuelta. Conclusión. 

Desarrollo de la tercera vuelta y cuarta vuelta

Mi tercera y cuarta vuelta de la preparación al MIR se desarrollaron desde el 29 de noviembre hasta el 25 de enero, día del examen MIR. Dado a que fueron fases muy similares, para facilitar las cosas, las comentaré conjuntamente, como si fueran una sola etapa. El objetivo de estas vueltas era principalmente repasar y perfeccionar tu preparación, ya que se suponía que la mayor parte del trabajo se había realizado en segunda vuelta. Por ello, la organización del estudio fue ligeramente diferente a la de segunda vuelta, tal y como explicaré a continuación.  

De lunes a viernes

A diferencia de en anteriores etapas, en estos últimos meses se trabajaban varias asignaturas por semana. Por ejemplo, en vez de una semana para la asignatura de Digestivo, tenías una semana para Digestivo, Cirugía General y Oftalmología. Además, el número de horas diarias aumentaba, quedando el horario de la siguiente manera (nótese que estudiaba dos horas diarias más de lo que nos indicaba la academia, lo que me permitió ponerme por delante de muchos opositores de forma mantenida, y así lo reflejaron mis percentiles de estos meses):

 

Así, podemos definir la tercera y cuarta vuelta como una intensificación de la segunda vuelta. Se incrementaban las horas de estudio y los temas a estudiar por día (todavía más). Las horas de estudio las dediqué fundamentalmente a:

  • Realizar preguntas tipo test: en esta etapa dediqué la mayor parte de las horas del día a hacer preguntas. Ya había trabajado bastante las asignaturas de forma teórica. Era el momento de hacerlo de forma práctica, que es lo que realmente importa el día del examen. Saber aplicar lo que has estudiado para resolver preguntas. Hacia todas las preguntas que tuviera a mi disposición: preguntas del generador de CTO (aunque no me gustaba mucho, es francamente mejorable), preguntas de anteriores simulacros, preguntas que habíamos trabajado en anteriores vueltas, evaluaciones…etc. Incluso, para variar un poco en cuanto a preguntas se refiere, me atreví a hacer los simulacros abiertos de otras academias. Explico en que consistió esto. Ocurrió que, cuando quedaba poco para el MIR, las academias AMIR y PROMIR organizaron cada una un simulacro de MIR abierto, online, para quien quisiera hacerlo. A mí me pareció muy interesante apuntarme porque así podía probar a hacer preguntas planteadas de forma diferente a lo que estaba acostumbrado. Después de hacer miles y miles de preguntas, uno acaba acostumbrándose a las preguntas de su propia academia. Por ello me parecía muy conveniente exponerme a distintas formas de plantear cuestiones y por eso realicé estos dos simulacros abiertos. Algunos compañeros se quedaban asombrados: ¿Cómo te da tiempo? ¡estás loco! Menudo sobrado…. Bueno, acabé realizando el mejor examen de mi sede, así que algo haría bien.
  • Trabajar esquemas: ¿recordáis los esquemas que había obtenido de mi amigo Dani Arnés y que había estado trabajando en segunda vuelta? Pues esos mismos son los que seguí usando durante las últimas vueltas de la preparación. Desde que acabó la segunda vuelta no toqué los manuales, básicamente porque no había tiempo para ello. Gracias a los esquemas me daba tiempo a realizar repasos rápidos de una calidad extraordinaria. Mientras tanto, muchos opositores daban repasos mediocres o se deprimían al ver el extenso manual al que tenían que enfrentarse en tan escaso tiempo. Punto para mí.
  • Desgloses: el tiempo que me ahorraba con los esquemas, lo dedique a perfeccionar mi conocimiento de los desgloses. Parece mentira, pero pese a la insistencia de las academias, mucha gente llega al MIR sin dominarlos. Eso significa que, si aparece un concepto repetido, no van a reconocer la pregunta y la fallarán o tardarán mucho en contestarla. Al contrario que uno que lleve bien trabajados los desgloses, que será una pregunta regalada y además rápida de contestar. De hecho, yo diría, si no tienes tiempo y tienes que elegir entre desgloses o manual/esquemas, escoge estudiar desgloses. Son puntos que merece la pena no desaprovechar.
  • Corrección de simulacros: similar a segunda vuelta, pero ya con una frecuencia de un simulacro cada semana.
  • Evaluaciones diarias: a diferencia de segunda vuelta, en esta fase las evaluaciones dependían de tu nivel. Había tres tipos, nivel bajo, medio y alto. Cada nivel tenía un PDF distinto con preguntas distintas. Se suponía que para CTO te asignaba un nivel y tenías que hacer el PDF correspondiente. Pero yo no me limitaba a eso. Yo hacía todas las evaluaciones de todos los niveles, independientemente de lo que me dijera CTO. Así podía practicar todas las preguntas posibles. Creo que gracias a ello continué mejorando mi técnica de hacer preguntas tipo test y realicé muchas más preguntas que el opositor medio.
  • Caminito del MIR, AsociaMed, MEddgames: eran como minijuegos y videos donde Fernando de Teresa, profesor de CTO, nos hacía relacionar conceptos de todas las asignaturas de forma rápida. Su objetivo era que nos acostumbráramos a interrelacionar todo nuestro conocimiento y a ir puliendo lo ya aprendido. Lo cierto es que no le concedí mucha importancia por un motivo muy simple. Prefería trabajar esto de interrelacionar conceptos mediante preguntas tipo test, pues eso mismo es lo que se hace el día del MIR. De esta manera, a mi juicio, conseguía un entrenamiento más completo.
  • La semana loca: a principios de tercera vuelta, CTO nos organizó esta semana totalmente especial y diferente, en la que no se seguía el horario que estoy explicando. Fueron 7 días de excepción en los que trabajamos asignaturas clásicamente menos relevantes en el MIR, pero que, dada su importancia en los últimos años, merecía la pena darles un vistazo superficial. Eran asignaturas como Urgencias, Geriatría, Fisiología, Farmacología, Anatomía... Aunque recibió quejas en su momento, lo cierto es que la idea fue buena y el tiempo empleado tuvo su recompensa el día del MIR. En mi edición de 2019/2020 cayeron nada más y nada menos que 8 preguntas de Geriatría, 7 de Urgencias, 4 de Fisiología y bastante otras más de asignaturas supuestamente “poco importantes”. Yo recomiendo a todo opositor que, independientemente de la organización de su academia, dedique un tiempo en la preparación a estas asignaturas porque al Ministerio se está aficionando a preguntar cada vez más de las mismas.

Ciertamente, si estudiar 11-12 horas diarias en segunda vuelta resultaba complicado, imaginaros estudiar 14 horas todos los días esta fase que estás aún más consumido. Era infernal. Solo lo conseguí gracias a que encontré mi motivación real.  

La motivación real

Cierto es que desde el principio mi objetivo fue sacar el mejor número posible para después poder elegir la plaza que se me ocurriera. Alentado por el gran reto que suponía alcanzar esta meta, trabajé duro durante meses. Pero al llegar a esta etapa de 14 horas diarias, esta motivación no bastaba. Quizás era suficiente para trabajar de 8 a 11 horas diarias, pero no para hacerlo durante 14 horas al día.  Cuando crucé esta línea el número dejo de importarme. Estaba tan destrozado que me daba igual el número 100 que el 1,000. Fue en ese momento de máximo sufrimiento cuando encontré mi motivación real. Aquello que verdaderamente me sostenía trabajando al máximo nivel. Quizás sea una respuesta predeterminada de nuestro organismo como reacción ante situaciones de gran estrés, como la que atravesaba yo en ese momento. En tal caso, me parece un aspecto positivo de este tipo de este tipo de experiencias. Fue como encontrarle sentido a todo. Gracias a esta epifanía me mantuve férreo en mi rutina espartana sin ceder ni un paso. Fue algo que no esperaba, la verdad, y creo que fue un aspecto sumamente positivo de la tensión, la dureza psicológica de esta fase y la lucha contra ti mismo. Al final acabas conociéndote mejor. Animo al lector que aproveche este periodo, a veces tan solitario, para hacer algo de introspección, que seguro que se lleva alguna sorpresa.

Pero no todo son cosas positivas. Desgraciadamente muchos opositores son víctimas de su mente en esta fase y no en vano algunos llaman a la tercera y cuarta vuelta la fase “psicológica”. Detengámonos un poco en esta cuestión.  

La fase psicológica

Durante la tercera vuelta uno empieza a tener la sensación de que cada vez aprende menos, de que no está aprovechando tanto como en los primeros días de preparación. Esto no es que sea una sensación, es que es un hecho. A medida que pasa el tiempo, cada vez sabemos más y por consiguiente cada vez tenemos menos por aprender. Además, un nuevo jugador en la mesa empieza a ganar peso: la psicología. Esta teoría proviene del doctor Macarrón, que además la ilustra con esta imagen:  

En esta imagen, la flecha significa el trascurso del tiempo. La línea dorada representa nuestra preparación al MIR, todo el conocimiento que hemos de adquirir. Al principio, queda todo por hacer. Pero a medida que avanzamos en el tiempo, la línea dorada va decayendo para dar paso a la línea roja, que representa la psicología. Esto significa que a medida que pasan los meses, cada vez aprendemos menos y somos más víctimas de la ansiedad, el cansancio y otras emociones. Es normal por tanto que a medida que pase el tiempo adquieras menos conocimiento. Si has hecho los deberes en segunda vuelta ya solo tienes que repasar y pulir aquellos conceptos que no tienes tan claros o se te han olvidado. No es frecuente aprender cosas nuevas en la tercera y cuarta vuelta. De hecho, si te pasa a menudo, es un indicio de que quizás hayas hecho segunda vuelta floja. Lo que sí es más común es encontrarte cada vez más extenuado, más nervioso, dormir mal por las noches, estar irritable o incluso deprimido. Es la psicología tomando el mando.

Esta vertiente psicológica del MIR se manifiesta de varias formas que no son excluyentes. Ningún opositor está libre de presentar alguna de estas derivas mentales a lo largo de la preparación. Las comento en este capítulo simplemente porque son especialmente frecuentes e intensas conforme se acerca el examen. Estas variedades son:

  • El “brote”: los brotes ocurren generalmente después obtener de malos resultados en los simulacros del sábado. Son arrebatos emocionales de llanto, agresividad, depresión, todos muy violentos y dramáticos. Lo bueno que tienen es que después de la explosión, uno queda algo más aliviado para seguir trabajando, ya que suelen ser episodios cortos y autolimitados. Muy excepcionalmente, aunque ocurre, pueden alargarse afectando varios días de trabajo.  
  • El arrepentido: existen personas que no han trabajado en anteriores etapas de la preparación y se dan cuenta de su tremendo error en esta fase. Cuando se percatan de lo cerca que está el MIR se paralizan o se agobian machacándose en una huida hacia adelante como último intento antes del fracaso. La realidad es que ya están perdidos, pues en esta vuelta poco se puede recuperar. Les embarga una angustia y un remordimiento terrible que hace que lo pasen realmente mal. Por eso recomiendo “comprar” tu tranquilidad de tercera vuelta con el trabajo constante de la segunda vuelta. Si sabes que has hecho los deberes, afrontas esta etapa con mucha mayor serenidad y confianza, lo cual hace que estés más a gusto y mejores aún más. Es como un círculo que se retroalimenta. Esta es la razón de las espectaculares subidas de percentil que algunos opositores experimentan en este periodo. Mientras las cigarras caen, las hormiguitas de labor fiel y abnegada durante el verano empiezan a recoger frutos.
  • El hastiado (síndrome de la pared): este síndrome, acuñado mientras conversaba con Dani Arnés, es especialmente prevalente entre los opositores al MIR cuando ya se va acercando el examen. Al contrario que el brote, es silencioso, insidioso, sigiloso y muy, muy peligroso.  Se produce debido a la suma de la tensión psicológica y el cansancio acumulado con los meses de preparación. La persona que es víctima del síndrome de la pared pasa las horas (tranquilamente) mirando la pared o la ventana delante de su mesa de estudio. No estudia, no come, no descansa, simplemente está ahí parado. Es una especie de trance que le paraliza en la improductividad. Aparentemente no está ocurriendo nada, pero la realidad es que está perdiendo horas y horas de un tiempo preciado sin oficio ni beneficio. ¡Hasta irse a dormir es mejor opción, ya que al menos aprovecharía para descansar! Este síndrome puede afectar a cualquier opositor con consecuencias trágicas. Conozco casos de personas que llegaron a la tercera vuelta con percentiles alrededor del 93 y que cayeron hasta un percentil 50 en el MIR real después de unos meses afectados por el síndrome de la pared.
  • El TOC-TOC: esta expresión es un juego de palabras entre el Trastorno Obsesivo Compulsivo (uno obsesionándose con el examen) y el ruido que haría el MIR cuando llama a la puerta. Probablemente tengas el TOC-TOC si presentas alguno de los siguientes síntomas: siempre tienes presente el MIR, aunque no estés estudiando (mientras duermes, mientras comes, mientras te duchas, mientras haces deporte...), cuando hablas con otras personas solo se te ocurren temas relacionados con el MIR (aquí tengo que decir que muchas veces son los familiares y amigos los que no paran y aprovechan para sacar el tema siempre que te ven) o por ejemplo si estás haciendo cualquier actividad y tu mente abandona la realidad para pensar acerca del MIR.

 

Hablando de mi propia experiencia, yo padecí sobre todo el TOC-TOC. De hecho, el nombre lo acuñó Tatiana Fokina cuando veía que me quedaba callado de repente mientras estábamos hablando de cualquier cosa. Era el MIR llamando a la puerta. Mi mente se había desconectado de la realidad y ya estaba pensando en preguntas, percentiles, asignaturas, conceptos...etc. Otra muestra de ello fue que empecé a soñar con el MIR y me di cuenta de que elaboraba preguntas y las resolvía mientras dormía. Recuerdo una vez que me tiré toda la noche peleándome con una pregunta bastante enrevesada de TNM de pulmón, autofabricada por mi subconsciente. Cuando me desperté me di cuenta de que solo era un sueño, o una pesadilla, según se vea. Pero me dejo muy sorprendido.

Asimismo, cerca del examen, empecé a manifestar mi tensión de la siguiente manera. Me levantaba de la mesa de estudio y recorría los 22 pasos que hay hasta el salón de mi piso (siempre he sido de estudiar en mi casa, no en biblioteca). Una vez allí, en mitad de la habitación exclamaba: “Estoy hasta las narices”. A continuación, me daba la vuelta y seguía estudiando. Tenía que ser una imagen digna de tragicomedia el verme declamar en pijama y bata (equipación oficial de la preparación), con el mínimo nivel de higiene aceptable por la OMS, y consumido físicamente y psicológicamente.

Los demás. 

Ya hablamos en el capítulo II de cómo gestionar la propia psicología. Ahora toca como gestionar lo que viene de fuera. Y es que, como soldado, lucharas individualmente, pero tendrás siempre a compañeros a tu lado. Dado a la escalada en tensión de esta fase, puedes empezar a notar como algunos empiezan a desarrollar conductas y emociones de lo más tóxico. Estos sentimientos antes se encontraban solo en su interior, pero es muy frecuente que durante estos momentos comiencen a exteriorizarse y extenderse a los demás involuntariamente. Las emociones son muy contagiosas, y en esta fase no predominan precisamente las positivas, sino más bien las negativas y perjudiciales: el pánico, el desfallecimiento, la desmotivación…

Asimismo, empiezan a aparecer numerosas conductas extrañas. La peculiaridad que tienen es que solo resultan excéntricas para el que no se presenta al examen. El que mira desde fuera. Para el que está dentro, todo tiene sentido. Todos los consejos, claves, todo lo que hacen los demás para “mejorar” sus percentiles, todo, absolutamente todo le vale. Así, se extienden prácticas que pueden resultar de lo más dañinas.

¿Como enfrentarnos a esto? ¿Como mantener la cabeza cuando todos los de tu alrededor la han perdido?

Nuevamente, el doctor Macarrón nos da la solución. Él recomienda la técnica del cierre mental. Es bastante simple y consiste en colocar un aislante metafórico alrededor de tu cabeza para impedir que llegue cualquier comentario, pregunta, acción, y emoción de los demás.  Debes mantener este aislamiento hasta el día del examen ya que es mucho más frecuente pescar algo negativo que positivo en esta época. Limítate a hacer lo que te dice tu academia y lo que vienes haciendo durante meses y no te dejes llevar por la psicosis generalizada.

Cuando te sientes a estudiar olvida todo lo demás. Solo estáis y tu mesa de estudio. Intenta no mirar redes sociales, foros, grupos de WhatsApp porque leer lo que dicen los demás a menudo solo hace que te pongas más ansioso. Pasa de las dudas enrevesadas, del último anticuerpo monoclonal aprobado por la FDA que, “seguro que cae”, de la última noticia del periódico “Se presentan más aspirantes que nunca”, “Este año el MIR será el más difícil de los últimos años”, “El nuevo sistema discrimina menos”. Ciérrate a todo eso y haz tu tarea. Ya habrá tiempo de volver al mundo real cuando todo acabe.

 

El sábado

Como fue habitual durante la preparación, en tercera y cuarta vuelta teníamos clase por la mañana y simulacro por la tarde. Las clases dejaron de ser presenciales y se dieron online. El objetivo de las mismas fue repasar y aprender algún detalle memorístico que otro antes del inminente examen.

Los simulacros

Los simulacros aumentaron su frecuencia hasta uno por semana. CTO mantuvo su política de poner simulacros muy complicados para tenernos acostumbrados a lo que pasaría el día del MIR. Querían que por muy mal que lo estuviéramos pasando, no nos viniéramos abajo. La media de preguntas netas en los simulacros de CTO era de 20 netas menos que en el resto de academias. Se sufría mucho al hacerlos, y era inevitable pensar: “¿para esto estudio tanto?”, “No sirve de nada tanto esfuerzo, si después las preguntas son imposibles de saber”. Pero a pesar de ello, la clave fue seguir avanzando, costara lo que costara. De hecho, hablando de preguntas difíciles y fáciles, daré una clave sobre el éxito en el MIR de la que tengo bastante certeza. 

Preguntas fáciles o difíciles

Muchos opositores que se presentan al MIR piensan que los que tienen gran éxito en examen son los que aciertan preguntas difíciles. Cuando aparece una pregunta imposible en el MIR o en los simulacros y la fallan (como el 90% restante de la gente), piensan: “está pregunta seguro que la ha acertado el número 1”. La realidad no puede ser más al contrario. Las preguntas imposibles, por definición, son imposibles y si se aciertan es por suerte. Ya seas el número 12 o el número 11,345. Entonces, ¿qué diferencia al número 1 del número 13,498? La respuesta reside en las preguntas fáciles.

Exacto, estoy convencido de que los que mejor MIR hacen no son los que no fallan preguntas difíciles, sino que son los que no fallan apenas ni una pregunta fácil. En serio, el MIR está lleno de preguntas fáciles y los opositores mediocres las fallan desde el primer día de preparación hasta en el propio MIR. Apuesto a que el número 1 de este año no falló ni una pregunta de las fáciles y que su rendimiento en las preguntas imposibles fue similar al del número 10,000.

Y es que, por mucho que sepamos, es muy sencillo meter la pata durante el examen. Recuerda que tienes aproximadamente un minuto y medio para leer el enunciado, pensar y decidir alguna de las opciones. Esto y nada es lo mismo. Súmale a eso los nervios, las 4 horas que dura el examen sin descansar y demás factores que pueden hacerte cometer los errores más tontos, incluso en preguntas que te sabes. No pocos opositores se fustigan (la mayoría metafóricamente) cuando al corregir un simulacro ven como han cometido errores imperdonables. Yo mismo, por mucho que me repitiera constantemente a mí mismo: “procura no cometer fallos tontos y acertar todas las preguntas fáciles del examen”, continué fallando preguntas sencillísimas de formas realmente estúpida en todos los simulacros y en el propio día del MIR. Por eso no saqué el número 1, lógicamente. Es casi imposible no cometer ningún fallo tonto. Igual de casi imposible que sacar el número 1. Pero podemos acercarnos sustancialmente (número 23).

Por tanto, de manera general podemos afirmar que el MIR no va acerca de acertar preguntas difíciles, sino de no fallar ninguna pregunta fácil. Y como hemos visto, esto es algo realmente complicado. ¿Qué puedes hacer para entrenarte en este aspecto? ¿Cómo no cometer fallos tontos?

  • Acostumbrarte a hacer una buena gestión del tiempo. La cantidad de fallos tontos que uno comete durante el examen es directamente proporcional a lo rápido que va. Si haces una mala gestión del tiempo, tendrás que ir no ya corriendo (esto sería casi que lo normal), sino esprintando la mayor parte del examen, sin leer bien los enunciados y sin poder hacer el más mínimo razonamiento, lo cual tiene consecuencias nefastas.
  • Leer siempre toda la pregunta. Un solo dato puede cambiar el sentido de la pregunta. Hay que asegurarse de leer bien el enunciado y todas las opciones antes de responder.
  • Mucho cuidado con las preguntas en negativoes decir, tipo ¿Cuál es la INCORRECTA…? ¿Cuál de las siguientes NO…? Nuestro cerebro está orientado a encontrar la confirmación, la que es, la correcta (recordemos el falsacionismo). Por tanto, en preguntas en negativo es sencillo decantarnos por una opción verdadera en vez de decantarnos por la incorrecta, la falsa, la que no es, que es lo que nos están pidiendo. Para evitar este tipo de fallo tonto es recomendable usar este truco de Pedro Alarcón: cuando veamos una pregunta en negativo, debemos marcarla o subrayarla para que no se nos olvide que tenemos que responder la opción incorrecta de entre todas las posibles.
  • Llevar los desgloses muy trabajados: los conceptos repetidos en los anteriores MIRes son preguntas regaladas que no debemos fallar. A veces las preguntas no vienen exactamente iguales, sino que las han cambiado o las han camuflado para que el opositor no se dé cuenta de que es algo que ya había sido preguntado otros años. A pesar de ello, si se llevan los desgloses al dedillo, resulta fácil identificarlas y acertarlas. Son puntos muy rápidos y seguros indispensables para quien quiera conseguir su plaza.
  • No bloquearse con las preguntas imposibles: lo peor de una pregunta imposible no es fallarla (recordemos que todo el mundo la va a fallar excepto un 10% con suerte). Lo peor son las emociones negativas que puede generarte, tales como impotencia, ira y miedo. Si emociones como estas toman el control, pueden dejarte K.O durante las siguientes dos o tres preguntas, fallándolas a pesar de ser sencillas. Por ello hay que tener mucho cuidado y seguir la regla de pregunta realizada, pregunta olvidada. Aunque te hayan pillado en una pregunta, tienes que hacer borrón y cuenta nueva y encarar la siguiente como si fuera la primera pregunta del examen. Eso es lo que diferencia al número 1 del número 10,000. Uno sigue adelante impasible, sin dejarse bloquear por una pregunta difícil, mientras que el otro queda tan perturbado que se desconcentra y falla las siguientes preguntas por muy fáciles que sean. CTO sabía esto y por eso nos ponía preguntas tan difíciles en los simulacros. Quería entrenarnos para este tipo de situaciones tan frecuentes en el MIR y que ante la dificultad no nos viniéramos abajo.

Finalmente, quisiera concluir remarcando la idea de que acertando preguntas fáciles se puede hacer un MIR excepcional, aunque se fallen todas las preguntas difíciles. Se que no es una tarea fácil, tanto que ni yo mismo la conseguí al 100%, pero también estoy convencido de que se puede mejorar bastante, seas quien seas. Las preguntas imposibles son tan imposibles por definición que uno no puede prepararse para ellas de manera específica.   

Ahora sí, ojo a los resultados

Los simulacros adquieren en esta fase su mayor importancia. Debes asegurarte de ser todo un experto en realizarlos y de obtener resultados acordes a tu objetivo. Al contrario que en anteriores etapas donde los percentiles no importaban tanto, en esta fase ya sí que hay que fijarse en ellos. Si tu objetivo es un percentil 85 en el MIR real, asegúrate de que los resultados de tus simulacros rondan por el percentil 85 en este periodo.

Si no consigues estar donde quieres estar, revisa tu manera de estudiar o de hacer preguntas porque seguramente puedas mejorar. Aquí entra en juego también el consultar a los tutores de la academia o personas de confianza que conozcas que ya hayan hecho el examen. Ellos pueden orientarte. Una vez hecho esto, si ves que a pesar de “hacer todo bien” no consigues los resultados que deseas, mi consejo es que sigas trabajando sin darle demasiada importancia. Suele haber gente durante la preparación que sube en último simulacro o en el propio MIR. Lo crucial es que te mantengas constante en una buena rutina, que eso al final es lo que te llevará al éxito.

En mi caso, aunque mis resultados tuvieron una tendencia positiva durante toda la preparación, fue a 1 mes del examen cuando alcance mi máximo apogeo. Tras meses y meses de rutina espartana, de horas y más horas de remo, de lucha a brazo partido, Dios quiso recompensarme con el percentil 100 en el simulacro de la semana de mi cumpleaños (23 de diciembre). Curiosamente fue el simulacro del que salí más destrozado. Tenía la sensación de que la había fastidiado enormemente. Tal era mi sensación de derrota que pese a tener la costumbre de ver mi percentil el mismo sábado que hacía un simulacro, no tuve valor de verlo hasta el lunes siguiente. Y menuda sorpresa me llevé. Creía que había sido un error y de hecho no se lo conté a nadie hasta pasado un tiempo.

Quizás habrás notado que durante en ensayo no he hecho mucho hincapié en los resultados de los simulacros. Lo he hecho así porque creo que no tienen tanta importancia como tendemos a darle. Tristemente tienen demasiado efecto en el opositor medio, sobre todo cuando son resultados negativos. Se ha demostrado que las emociones negativas tienen el doble de impacto en nosotros que las positivas. Eso quiere decir, por ejemplo, que una bajada de percentil en un simulacro te deprime el doble de lo que una subida de percentil puede llegar a alegrarte. Es por eso que si te afecta mucho el percentil recomiendo no verlos hasta avanzada la preparación. Así sufrirás menos y rendirás más.

Cuidado también con amigos y familiares. Durante la preparación, en el grupo de amigos no hablábamos mucho de percentiles lo cual creo que es sano. No se había hecho un pacto de silencio explicito, pero creo que todos lo preferíamos así. En lo que respecta a familia hay que ser todavía más precavidos (especialmente con determinadas madres y padres sobreprotectores y exigentes). En mi caso sí que hubo un pacto de silencio explicito. Tras comentarios acerca de mi percentil en los dos o tres primeros simulacros, le dije a mi familia que, para facilitar las cosas, a partir de ese momento no iba a decir ningún percentil más en toda la preparación. Les dije: “Estad tranquilos que yo voy a trabajar todo lo que pueda. Realmente no se puede estudiar más horas al día, así que los percentiles que vaya sacando representan lo máximo a lo que puedo llegar en cuanto a lo que está en mi mano. Otra cosa es la suerte y demás, que es variable y por tanto no me preocupa mucho”. Así quedó zanjada la cuestión y no se habló más del tema hasta después de haber realizado el MIR. Y fuimos una familia totalmente feliz durante la preparación.

A continuación, dejo una recopilación detallada de mis resultados en todos los simulacros que hice durante la preparación y mis resultados en el MIR. Lo adjunto para aportar pruebas de que realmente he recorrido del camino y no hablo por hablar. También por si a alguno le sirve de orientación. No lo he puesto “para que os comparéis conmigo y si no lo estáis haciendo parecido a mí, significa que no vais bien”. Las comparaciones la mayoría de las veces no son correctas ni saludables. Por tanto, evitad a toda costa compararos conmigo y con cualquier otro.  Y una última apreciación.  Los primeros 11 simulacros yo los hice según el formato MIR antiguo, con 225 preguntas. Los resultados de estos simularos en netas los he ajustado a como si fueran simulacros de 175 preguntas a fin de que sean comparables con el resto de los simulacros que hice durante toda la preparación y por supuesto con el MIR.

 

 

 

Peligros de la tercera y cuarta vuelta

El domingo y los diversos días de fiesta navideños se dedicaban al descanso. En mi caso, debo decir que descansé los domingos hasta el 1 de enero. Desde el 1 de enero hasta la tarde de antes del MIR, 25 de enero, estudie todos los días incluido domingos. Esto significaba saltarme el plan de la academia y la regla de que los domingos son sagrados. Pero me decidí por ello por varias razones. La primera es que había escuchado que los de otra academia, AMIR, habían empezado a estudiar también los domingos en esa última etapa. Cuando me enteré, pensé para mis adentros: “yo realmente no estudio los domingos porque temo quemarme si no descanso, pero si una academia lo recomienda a todos sus estudiantes es porque se puede hacer. Genial pues a partir de ahora los domingos también estudio”. Otras razones es que me encontraba con fuerzas para pegar el último apretón y que realmente tenía mucho por hacer, ya que quería hacer un repaso lo más completo posible en ese último mes. Por todas estas razones me la jugué y empecé a estudiar también los domingos.

Por supuesto, antes de que cayeran los domingos ya había sacrificado mis días de fiesta tipo Nochebuena, Año Nuevo y demás. Desde el primer momento ya había decidido que no los iba a respetar. Quizás estaba en una fase maniaca, aunque también tengo que decir que creo que no fui yo el único que trabajó esos días. Se de buena tinta que muchos de mis compañeros tampoco descansaron.

A este respecto tengo que mencionar una pequeña regla que se me ocurrió justo al empezar esta etapa de máximo esfuerzo y de 14 horas diarias. Mientras paseaba y pensaba acerca del plan que seguiría en esta etapa me pregunté: “¿cuántas horas debería estudiar?” Y la respuesta se me vino a la cabeza de momento: “tantas como se pueda, porque si se pueden más, seguro que hay otros competidores que lo estén haciendo”. Realmente creo que es algo lógico y una buena regla de andar por casa, pero como tantas cosas en la vida, solo resulta evidente una vez que alguien lo menciona. De hecho, a mí no se me ocurrió hasta bien avanzada la preparación.

Peligros de la tercera y cuarta vuelta

Durante esta etapa, debido al cansancio y al stress es fácil bajar la guardia y cometer errores que después lamentaremos. Nuevamente, vía negativa, me centraré en lo que no hay que hacer de cara a que el lector llegue lo más indemne posible al examen:

  • Intentar hacer una remontada generalista: a un mes del MIR no es recomendable intentar comprender nuevos conceptos de forma masiva. No solo estás más cansado, sino que tienes muy poco tiempo, por lo que afrontar tareas imposibles te desmotivará aún más. Si necesitas recuperar, lo mejor es dedicarte a asegurar los conceptos esenciales, los más importantes de cada asignatura. Refuerza lo que ya sabes e intenta exprimirle todo el jugo a tu conocimiento para el día del MIR, pero no te metes en camisas de once varas intentado hacer lo que no has hecho en meses de preparación.
  • Dejarse llevar por la psicología propia o ajena: ya he explicado las malas pasadas que tanto los demás como nosotros mismos. Te recomiendo que solo durante estos meses seas totalmente “aséptico” ante todo lo que no sea ejecutar tu rutina de manera robótica.
  • Dejar de realizar simulacros o preguntas tipo test porque no te da tiempo: estas dos tareas son las más importante durante esta fase, sin duda alguna. Si no te da tiempo a hacer todo lo estipulado en tu plan, sacrifica el estudio teórico de manuales o esquemas o cualquier cosa. Pero nunca y bajo ningún concepto abandones el estudio “práctico” que te ofrecen el hacer simulacros y preguntas tipo test. Es lo más útil cuando el examen ya está tan cerca.
  • Rendirse: esta es la etapa donde existe más riesgo de tirar la toalla. Tienes que seguir trabajando si o si, aunque creas que lo tuyo ya no tiene remedio o que vas a fracasar. Aun con las emociones más negativas debes seguir estudiando porque todo el esfuerzo suma el día del MIR. El hecho de que mucha gente se esté rindiendo porque no puede más debe hacerte ver que es tu momento para adelantar. ¡Ahora o nunca!

Conclusión

En cuanto a mi vivencia de la tercera y cuarta vuelta, tengo sensaciones encontradas. Por un lado, noviembre y diciembre me resultaron meses bastante amenos porque al repasar lo aprendido, tenía la sensación de que todo iba encajando y de que estaba limpiando de errores mi conocimiento. Se notaba el trabajo previo y la sensación de estar recogiendo frutos de lo sembrado era patente. A finales de diciembre, ya me sentía bien preparado y si por mi fuera, hubiera hecho el examen en ese momento. En cambio, enero no me gustó nada.  Creo que es un mes que sobra en la preparación. No aporta gran cosa en cuanto a tu conocimiento. Al contrario, alarga el sufrimiento innecesariamente. En este sentido el MIR se asemeja a un embarazo, al final solo quieres quitártelo de encima de una vez por todas y de la manera que sea. Sobre todo, cuando notas que está todo el pescado vendido, pero hay que seguir con la rutina.

Por si fuera poco, desde diciembre lo único que hice fue bajar de percentil en los simulacros, lo que incrementó mi ansiedad. Mi momento de mayor calvario fue tras realizar el penúltimo simulacro, a dos semanas del MIR real. Tuve una bajada de percentil que me impactó mucho y me quedé en shock el resto de ese día, como si fuera un robot. En retrospectiva me doy cuenta de que no fue para tanto, pero en aquel momento tan cercano al examen me pareció una auténtica puñalada. Veía que se me escapaba de las manos tanto por lo que había luchado, sin poder hacer nada. Fueron momentos de tristeza y de crisis existencial.

Aún recuerdo la sensación de derrota que me embargaba mientras andaba de regreso a mi casa, sumido en la más completa oscuridad. Sin embargo, al pasar por el rio Genil (el río de mi ciudad, Granada), tuve un momento de lucidez en el que recapacité. Me dije a mi mismo aquello que me había repetido durante toda la preparación y que en ese momento estaba pasando por alto: había hecho (y disfrutado) mi trabajo y eso era lo importante. No importaba si tenía más o menor éxito porque no era algo que dependiera de mí en última instancia. Podía haber distorsiones. Y yo estaba por encima de eso.

Instantáneamente me embargó una sensación de tranquilidad que calmó mi agonía. Era el abrazo de la indiferencia al darme cuenta de que mi valor real estaba por encima de mis percentiles. Creo que fue este estado zen el que me dio la confianza necesaria para afrontar los últimos días de preparación y para triunfar en el examen. Pude ganar gracias a que había perdido el miedo a la derrota, aceptándola como una posibilidad real.  

Afortunadamente, como todo en esta vida, la preparación del MIR tiene un final y ese día llegó. El MIR suele ser un sábado por la tarde, por lo que las academias te recomiendan que dejes de estudiar el viernes al mediodía y que descanses durante la tarde del viernes y la mañana del sábado. Yo seguí muy gustosamente este consejo ya que…estaba hasta las narices. Me fui de paseo con Tatiana y anduvimos más de 20 km esa tarde. Después cené y me puse una película. Según la academia debía acostarme lo más tarde posible para estar cansado, dormir bien, y levantarme tarde al día siguiente. Y eso fue justo lo que hice.

Aunque de calidad cinematográfica cuestionable, esa noche vi la película “Rompiendo las reglas (2008)”. Es una película de mi adolescencia que me encanta y siempre me motiva, por lo que era perfecta para la ocasión. Es de artes marciales, y en ella, el entrenador Roca siempre le recuerda a Tyler, el protagonista: “Controla el resultado”, “En cualquier pelea siempre puedes cambiar la posición, solo depende de ti”. Al terminar, mientras me iba a la cama me prometí a mí mismo que al día siguiente tendría en cuenta estos lemas: pensar en el resultado y recordar que por muy desfavorable que fuera la situación, siempre estaría en mi mano cambiar mi manera de enfrentarme a ella para superarla. 


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Esta serie continua en el CAPÍTULO V: el dia del MIR y el final

Otros capítulos de esta serie:

Capítulo I: Todo lo que debes saber del MIR

Capítulo II: Empieza la preparación

Capítulo III: Verano MIR