Hola! Este es el capítulo III de los cinco capítulos de la serie Revienta el MIR! Te dejo aquí un pequeño índice para que te dirijas al que mas te interese. 

  • Capítulo I: donde introduzco el MIR y explico sus características principales. Esta parte va dirigida sobre todo a aquellos que desconocen por completo o tienen una idea muy básica del MIR. Es el conocimiento base que hay que tener para entender el resto del ensayo. Si ya tienes este conocimiento, puedes empezar directamente en el capítulo II.
  • Capítulo II: a partir de este capítulo hablo de la preparación y realización del examen MIR de un modo práctico. Esto significa que ofrezco diversas opiniones, trucos, consejos, estrategias y tácticas para ayudar al lector a tener el mayor éxito posible. En este capítulo me centro concretamente de las academias y los inicios de la preparación.
  • Capitulo III: en este capítulo abordo la fase más larga e importante de la preparación, que aborda desde el verano hasta noviembre aproximadamente. Es el grueso del ensayo.
  • Capítulo IV: donde hablo del último periodo de preparación hasta justo el día del examen. Hago mucho hincapié en la intensidad psicológica de estas semanas.
  • Capítulo V y epílogo: donde relato el día del MIR, doy unas pinceladas de la etapa del postmir.

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Capítulo III: verano MIR

“Enhorabuena soldado, si has llegado hasta aquí es por qué has sobrevivido a los primeros meses de esta guerra. Has adquirido cierta experiencia en los campos de batalla, pero aún te queda casi todo por descubrir. Ya conoces cómo funciona el sistema. Ahora toca dominarlo. Intensificaremos el entrenamiento y el número de asaltos a realizar cada mes. Fortaleceremos tu mente para que tiré de ti cuando tu cuerpo no pueda más. Te llevaremos hasta situaciones extremas porque ahí es donde está el crecimiento. Con suerte, una vez acabada este periodo, estarás preparado para atacar la fortaleza del MIR.”

Si la primera vuelta la preparación se asemejaba un hobbie, es decir la hacíamos en nuestro tiempo libre, en esta segunda vuelta, se convierte en un trabajo. Es un trabajo algo “trabajoso” puesto que es de lunes a sábado, de 8,30 a.m. a 8,30 p.m. aproximadamente. Quizás he sido demasiado directo al introducir de golpe y sin anestesia la implacable rutina de la segunda vuelta de la preparación al MIR. Pero lo he preferido así para que como lector te hagas una idea de la relevancia de esta etapa. Esta sin duda es la fase es la más importante de la preparación. Serán los meses donde, según siembres, así recogerás en tercera y cuarta vuelta y por supuesto el día del examen. Aquí es donde se decide en gran parte tu plaza y tienes que ser muy consciente de que cada hora de estudio contribuye a aumentar las probabilidades de éxito en el MIR.

La segunda vuelta.

Desarrollo de la segunda vuelta. Entre semana. El método de estudio rotacional. Disfruta del estudio. El estudio inteligente: la Miricina y las preguntas. El estudio inteligente: las dos plantas. El sábado.  

Desarrollo de la segunda vuelta

Tras la antesala que representa la primera vuelta, CTO te daba unas vacaciones para que descansaras antes de que empezara lo duro. Después de algún viaje y del merecido reposo, comencé mi andadura en la segunda vuelta el día 23 de junio de 2019. Esta segunda vuelta fue la de mayor duración de la preparación y en mi caso se extendió hasta el día 29 de noviembre de 2019, con una semana de vacaciones de verano. En esta fase ya sí que se puede decir: bienvenido al MIR.

Tal y como hice en la primera vuelta, explicaré mi rutina semanal.

Cada semana debíamos de trabajar una asignatura. A veces, si la asignatura era larga (por ejemplo, Cardiología), empleábamos algo de más tiempo. Al contrario, si era más corta (por ejemplo, Urología), con dos o tres días bastaba.

De lunes a viernes

Una imagen vale más que mil palabras, asique a continuación añado dos tablas con el horario de CTO y mi horario particular durante esta fase. Algunos comentarios al respecto:

  • La hora de la comida realmente la distribuía en 20 minutos comiendo y 40 minutos durmiendo. Suelo comer poco y además rápidamente, lo cual me permitía echarme una buena siesta, que es algo fundamental para mí.
  • Propina se refiere a que, si estaba con ganas y con energía, solía echar un rato más de estudio después de la cena. Era algo muy variable según el día y la semana. No fue algo fijo como en tercera vuelta. Eso sí, las 11 horas sí que las echaba sistemáticamente todos los días.

¿En que empleaba estas 11 horas de trabajo diario semanal? Fundamentalmente en las siguientes tareas:

  • Estudio de manuales y esquemas: lo que hacía era leer el manual y trabajar esquemas. Mi buen amigo Daniel Arnés (que se había presentado al MIR el año anterior al mío con gran éxito: número 78) me dejó sus esquemas del MIR, a fin de qué los utilizara en mi preparación. Cuidado porque el usar esquemas de otra persona tiene sus ventajas y sus desventajas que paso a señalar:
  • Ventajas: te ahorras el tiempo y el esfuerzo de tener que fabricarlos tu desde el principio. Además, en mi caso, constituía un material más que validado ya que con su uso, Dani había obtenido un gran número.
  • Desventajas: al no ser tus esquemas no están realmente a tu gusto y tienes que modificarlos si eres muy exquisito; y actualizarlos, ya que son de otro año. Además, cuando uno hace sus propios esquemas estudia e interioriza poderosamente la materia que está sintetizando, cosa que no haces cuando los adquieres directamente de otros. Por último, hay que tener cuidado con la calidad de los esquemas que se cogen, porque si son de alguien que quedó el 13,000, quizás no sea muy buena idea usarlos, si no se quiere correr la misma suerte.

En mi caso, yo sabía que estudiando sus apuntes Dani había sacado el número 79, por lo que concluí que si yo también los estudiaba obtendría ese número como mínimo. No es un razonamiento perfecto (de hecho, tiene prácticamente cero validez si aplicamos la lógica), pero me sirvió para decantarme por el uso de su material. Además de su insistencia a mis reparos iniciales, todo hay que decirlo. Él sabía lo que hacía.

Como lector te preguntarás, ¿realmente es tan necesario hacer esquemas o resúmenes de las materias en el MIR? ¿No es una pérdida de tiempo? ¿No es arriesgado? Yo creo firmemente que es fundamental tener estos esquemas para refrescar conceptos rápidamente en una preparación tan larga y con tanto que memorizar (y, por consiguiente, que olvidar) como es el MIR. Esto se hace más patente cuando el tiempo escasea en los últimos tramos de la preparación, cuando no te da la vida para estudiar del manual. En estos momentos, el poder repasar de forma rápida los diversos conceptos importantes que hay que saberse, te dará una enorme ventaja frente al opositor que esté intentando deglutir los a veces indigestos manuales. Sea de la academia que seas. Ignoro por que las academias no hacen mucho hincapié en este aspecto, de importancia capital a mi juicio.

  • Desgloses: es un pilar fundamental de la segunda vuelta. Tienes que llegar a noviembre sabiéndotelos a la perfección. Para lograrlo yo le di 2 o 3 vueltas como mínimo. Intenta no trabajarlos por año o por tema, sino mezclados. Porque si te pones a repasar todos los desgloses solo del tema de Artritis Reumatoide, ya sabes antes de empezar que todas las preguntas van de eso, y en el MIR no tendrás tanta ventaja.
  • Corrección de simulacros: durante la segunda vuelta se incrementa la frecuencia de simulacros, por lo que tienes que pasar más tiempo corrigiéndolos. Y es fundamental hacerlo bien porque si no lo haces, no vas mejorando. Un matiz al respecto. Durante la segunda vuelta, me di cuenta de que hasta que no trabajaba una asignatura, no me merecía le pena corregir preguntas de la misma en los simulacros. Me explico. Por ejemplo, en el caso de Reumatología. Esta fue una asignatura que di al final de la segunda vuelta, por lo que, hasta que llegó noviembre, ni me enteraba de las preguntas en los simulacros ni tampoco en la corrección (duras declaraciones, pero ciertas). Lo que hacía era saltarme las preguntas de Reumatología en la corrección de los simulacros, para no perder el tiempo. Finalmente, cuando llegaba la semana de esa asignatura, me repasaba todas las preguntas de todos los simulacros que había hecho hasta ese momento. Y entonces sí que me resultaba muy rentable.
  • Evaluaciones diarias: esto es algo novedoso que ha incorporado CTO recientemente. Eran unas preguntas tipo test que se hacían al final de la jornada diaria para repasar los conceptos que te tocaba estudiar ese día. Aunque fuera escaso de tiempo, siempre las hacía porque quería asegurarme de que había aprovechado el día y me sabía lo que había que saberse. Hoy por hoy las considero esenciales en la preparación. A través de estas evaluaciones es como CTO se aseguraba de que dominabas los conceptos que había que dominar. Mucha gente se creía erróneamente que lo que uno estudiaba se ponía a prueba en los simulacros. No es cierto, para eso estaban estas evaluaciones diarias. Repasar conceptos, como dijimos cuando hablamos de los simulacros en primera vuelta, es un objetivo secundario cuando uno realiza y corrige un simulacro. Lo que se pretende con los simulacros es que te acostumbres a la situación de hacer un examen MIR, punto. Lo demás es añadidura.
  • Hacer los test de segunda vuelta: igual que los mencionados en primera vuelta, pero esta vez más orientados al MIR y menos a la fisiopatología. Se corregían en la clase del sábado.
  • Otros: si tras realizar las tareas que acabo de nombrar me sobraba tiempo, lo dedicaba a hacer preguntas tipo test con el generador de preguntas del campus virtual de CTO. También volvía a hacer las preguntas tipo test de primera vuelta para repasar.

Seguramente te estés preguntando como puede uno estudiar tanto tiempo al día sin pegarse un tiro. La verdad es que no es nada fácil, pero tampoco es imposible. Nadie ha dicho que las 11 horas tengan que ser al 100%. Nadie aguanta ese ritmo. Es normal que al principio del día estés más fresco y rindas más. A medida que pasan las horas, sin embargo, el aprovechamiento disminuye debido al cansancio. A pesar de ello, lo importante es aguantar. Hay que estar ahí. Mejor un 10% de rentabilidad que un 0% por cierto porque has abandonado y te has ido.  Yo mismo, aunque me considero una persona bastante constante, sufría a veces para mantener la actividad todo el tiempo. Muchos días se convertían en una lucha encarnizada contra mí mismo por no rendirme. Como truco para no dejarme vencer por la pereza idee el método de estudio rotacional.    

El método de estudio rotacional. 

Este método debe su nombre a la técnica de cultivo rotacional que han empleado clásicamente los agricultores. Antes de industrialización del campo, se sabía que cuando usabas un terreno para cultivar, por ejemplo, trigo, los recursos de este se agotaban. Al estar agotado el terreno, no se podía volver a sembrar nada hasta el año siguiente, que era cuando la tierra se había recuperado. Es por ese motivo que existía el método del cultivo rotacional. Para no consumir toda la parcela al mismo tiempo, esta se dividía en tres partes. Dos partes se cultivaban y la otra se dejaba en barbecho para que se recuperara. Cada año se rotaban las partes y así se aseguraba la cosecha de forma permanente.

El método de estudio rotacional, al igual que en la agricultura, asume que tu mente se cansa y necesita ir rotando para aprovechar al máximo. Se basa en el descubrimiento que hice de que más que cansarme “de forma general”, realmente lo que me cansaba era estar haciendo todo el rato lo mismo. Entonces cuando llevaba dos horas con el manual y los esquemas y ya me notaba sin fuerzas, en vez de pararme a descansar, “rotaba” a otra actividad, por ejemplo, a hacer preguntas tipo test. ¡Sorpresa!, el cansancio desaparecía, era como usar otra parte del cerebro que hubiera estado aguardando para ese momento. Mientras hacía preguntas, mi zona cortical encargada de leer manuales y esquemas se recuperaba para volver al campo de juego cuando me cansara de hacer preguntas.

 Mediante el método del estudio rotacional podía enganchar 6 horas de estudio con un rendimiento bastante aceptable. Ilustremos la explicación con un ejemplo real. Imaginemos que eran las 08,30 a.m. Solía empezar con manuales, que era lo que más esfuerzo me suponía, y por eso los trabajaba al principio, cuando estaba más fresco. Después de 2 horas, a las 10,30 a.m me cambiaba a preguntas. Después de dos horas de preguntas, a las 12:30, corregía el simulacro hasta la hora de comer. Y así, durante días, semanas y meses.

Disfruta del estudio

Además, para trabajar concentrado tanto tiempo ayuda mucho el que disfrutes lo que haces. Estoy de acuerdo en que es algo bastante innato el hecho de que te guste o no la Medicina o determinadas partes de ella. Pero también estoy convencido de que es algo que se puede entrenar. Nadie puede amar lo que no conoce de verdad. Por eso, si eres de los que, por razones diversas de la vida, te encuentres estudiando Medicina sin pasarlo demasiado bien, te animo a que hagas el esfuerzo inicial de intentar conocerla. Rasca un poco y ya verás como encuentras algo. Se necesita poner algo de tu parte para encender la mecha, pero una vez encendida, el resto va solo. Si consigues disfrutar del estudio diario, tienes mucho ganado y la preparación será mucho más cómoda, sencilla y fructífera.

El estudio inteligente: la Miricina y las preguntas

Sin embargo, no solo es importante estudiar el número de horas apropiado. También hay que hacerlo de forma inteligente. Por mucho que se mate uno estudiando, si se hace de forma estúpida, no llegará a ninguna parte. ¿Qué considero yo estudiar de forma inteligente? Pues simplemente estudiar lo que hay que estudiar. Para explicar mejor este punto remontémonos a la primera parte de este ensayo.

Recordemos que el ministerio quería evaluar cuanto sabías de Medicina y por eso ponía el MIR. Pero el MIR no es un método directo. El ministerio no coge un aparato parecido a un termómetro, te lo pone en la axila y dice: “Ummm, este sabe X de Medicina, se queda el número 567 en la lista”. Estaría chulo, pero no es así en la realidad. El MIR, al ser un examen, es un método indirecto. Si aciertas preguntas se supone que sabes Medicina. Si no aciertas preguntas, se supone que no sabes Medicina. Por tanto, no solo basta con saber Medicina para el MIR, sino hay que saber la Medicina que te cae en las preguntas. Y por supuesto, dominar la propia técnica a la hora de responder preguntas. Imaginemos la siguiente gráfica:

 El círculo azul grande representa toda la Medicina. La parte pequeña roja en su interior representa la parte de la Medicina que te preguntan en el MIR (también llamada Miricina).

Lo azul, la Medicina, es amplísimo, incluso se podría decir que infinito. Lo rojo, la Miricina, en cambio, es bastante más pequeño. El estudio inteligente es el que cae en su mayor parte en lo rojo. Todo lo que se salga de ahí, no solo no es inútil, sino que es hasta contraproducente (por mucho que también sea Medicina) ya que gastas tiempo y energía que podrías dedicar a la Miricina. Lo siento por este pragmatismo tan crudo, pero así es como funciona el sistema. Puedes saber mucha Medicina, pero si está toda fuera del pequeño sector rojo, para el Ministerio no sabes nada. Y a eso se le llama fracasar en el MIR.

Para identificar la Miricina conviene fijarse en los desgloses (como hemos dicho, desgloses en este ensayo significa preguntas de años anteriores) y en lo que te dice tu academia. Al leer esto puede que la Miricina te esté pareciendo poca cosa, pero hazme caso que no es así. Puede que sea más pequeña que la infinita Medicina, pero es igual de imposible de dominar a la perfección.

Como anécdota, recuerdo un compañero que andaba con su atlas de Neuroanatomía, argumentando que era “esencial” saber la neuroanatomía a la perfección para la asignatura de Neurología. Mientras él se desgastaba en vías, núcleos, zonas y millones de detalles inútiles propios de especialista, yo me contenté con dominar los aspectos más básicos. Él ahora está “virtualmente” sin opciones de coger plaza.

Asimismo, además de la Miricina, hay que dominar a la perfección el arte de hacer un examen tipo test. Es super importante, y nadie, repito, nadie consigue su objetivo en el MIR si no tiene ni idea de acertar preguntas tipo test, por mucho que haya estudiado del manual. Durante la preparación es prioritario hacer todas las preguntas que se puedan para practicar. Un buen balance de estudio teórico (manuales, clase, videos) vs estudio práctico (hacer preguntas) se podría ilustrar con el siguiente gráfico.

Como se observa, en los primeros meses predomina el estudio teórico, mientras que a medida que avanza la preparación este va decreciendo para dar paso al estudio práctico, es decir hacer preguntas. En tercera y cuarta vuelta ya casi que prácticamente se dedica uno a hacer preguntas. Primero, recargas la pistola con munición. A continuación, debes entrenar tu puntería disparando. De nada sirve recargar si después no haces ninguna diana. Por eso hay que entrenar muy bien este aspecto. Al MIR hay que llegar con varios miles de preguntas realizadas si se quiere afrontar con una mínima garantía de éxito.

Por tanto, si durante la preparación alguna vez no te da tiempo a hacer todo el trabajo que se te manda, prioriza el hacer preguntas y el realizar simulacros.  Es el trabajo más rentable de lejos.

A la hora de trabajar preguntas, más importante que saber la respuesta correcta, es aprender el razonamiento que te habría llevado a la respuesta correcta, porque te puede ser útil para futuras cuestiones que se parezcan. Es como conseguir una llave que te va a permitir abrir nuevas puertas similares a la que acabas de abrir. Por eso conviene hacer preguntas nuevas y variadas en vez de practicar siempre con las mismas. Una vez que tu repertorio de llaves sea lo suficientemente amplio, difícilmente habrá una pregunta que se te resista. En esto consistió el truco de un numero 2 del MIR que conozco. Tenía acceso a preguntas de todas las academias y practicaba con todas ellas, de manera que no se encasilló en las mismas preguntas o el mismo modo de preguntar de una academia en concreto (con el tiempo uno se acostumbra al modo de preguntar o a las propias preguntas de su academia y estas dejan de estimular tanto el crecimiento de un opositor como la primera vez que se enfrentó a ellas). Su repertorio de llaves era infinito y el día del MIR arrasó. En resumen, es crucial para reventar el MIR trabajar abundantes preguntas variadas de forma óptima.

El estudio inteligente: las dos plantas

Por si fuera poco (y si eres opositor seguramente ya te estarás dando cuenta), no solo la Medicina, sino también la Miricina es inabarcable. El cuerpo humano es complejísimo y hay que saberse miles de cosas. Debemos de tener una estrategia para poder manejarnos en este terreno tan amplio sin morir en el intento. Nuevamente, os explicaré la mía usando metáforas vegetales. Supongamos que la Miricina es una tierra donde habitan dos tipos de árboles: perennes y caducos.  

  • Arboles perennes: son los conceptos que puedes entender. El ejemplo más claro es la Fisiopatología. Son conceptos tan básicos, que no hace falta memorizarlos, sino que una vez que se comprenden ya se quedan fijos para siempre.  Digamos, que, como arboles perennes, echan profundas raíces y duran eternamente. Cuantos más árboles plantemos, más entramado de raíces habrá y más conectado estará nuestro conocimiento. Este fenómeno de interconexión alcanza su máximo apogeo en las últimas semanas antes del MIR. En esta última fase, te das cuenta de que puedes saltar de un concepto a otro con facilidad, aunque sean de distintas materias (si has hecho buena preparación, claro está).
  • Árboles caducos: son los conceptos que memorizas. El ejemplo más claro son los TNMs (ruego un minuto de silencio por todos los caídos en batalla a causa de un TNM). Como árboles caducos, desde que los plantas, empiezan a degradarse hasta que finalmente mueren y desaparecen. Y entonces toca replantarlos de nuevo. Esto es justo lo que pasa con las escalas, los TNMs, la epidemiología de las diferentes patologías y, en fin, todo dato puramente memorístico. Desde el momento en que te lo estudias ya se te empieza a olvidar, por lo que hay que darle varios repasos durante la preparación.

De aquí se deducen varias ideas clave:

  • La mejor estrategia es ir plantando todos los árboles perennes que se pueda durante la preparación. Una vez que plantas uno, aunque cueste más al principio, se queda ahí para siempre y al final tienes un entramado de raíces impresionante. Esto significa que, aunque a corto plazo entender sea más difícil y más costoso que memorizar, a largo plazo es mejor. Esto es así porque una cosa que has entendido ya apenas se te olvida. Además, todo lo que reamente has interiorizado, eres capaz de interrelacionarlo y esto es utilísimo cuando te enfrentes a las preguntas del examen.
  • Hay que plantar el menor número posible de árboles caducos. Y si plantas alguno, mejor que sea al final de la preparación, porque si no vas a tener que estar replantando todo el rato. Esto significa que lo mejor es no memorizar en las primeras fases de la preparación porque se te va a olvidar todo en un mes. Memorizar algo es más fácil que entender porque no exige tanto esfuerzo mental. Pero tiene el inconveniente de que se olvida más fácilmente.  Por eso, hay que empezar a memorizar en fases avanzadas de la preparación y hacerse la idea de que son conceptos que habrá que repasar más veces. No te desanimes si ves que se te olvidan las cosas, es perfectamente normal.

Esta situación la conocía muy bien el magnífico Dr. Macarrón, que nos decía: es mejor entender y tener claros unos pocos conceptos y manejarse a partir de ellos, que memorizar un montón de conceptos de manera confusa que después no puedes utilizar porque te lías.

Termino añadiendo un comentario personal al respecto. Aunque no lo parezca tengo una memoria malísima. Yo conocía esta limitación y por eso procuré entender todo lo posible durante la preparación, lo cual creo que fue muy acertado. Aunque tengas una excelente memoria, no te confíes, recurre a ella solo de forma excepcional. En esta prueba tan dura, hasta los que más memoria tienen se ven ampliamente superados. Desarrolla ese poder de comprensión, razonamiento y relación que tenemos todos.  Esta capacidad es la que al final te ayudará a acertar más preguntas. Muchas más que saberte el TNM de cáncer de cérvix.  

El sábado

El sábado había clase de la asignatura que tocaba esa semana. A la clase se añadía un simulacro cada 2 semanas.

Las clases de segunda vuelta, al igual que en primera vuelta fueron bastante entretenidas, además de útiles. Estaban sobre todo dirigidas a ayudarnos a acertar preguntas MIR. Poco más que comentar a este respecto.

Sobre los simulacros de segunda vuelta tengo que señalar varios aspectos de importancia. Si en los simulacros de primera vuelta dijimos que había que ir acostumbrándose y cogiendo soltura en su realización, en esta segunda vuelta hay que ir paso más allá y aprender a dominarlos. Hacer un simulacro debe costarte cada vez menos, y la sensación a la hora de hacerlos tiene que ser como el que monta en bicicleta una vez que ya ha aprendido a hacerlo. Un día más en la oficina.

En referencia a los resultados, los percentiles van adquiriendo progresivamente más relevancia, pero no debemos obsesionarnos con ellos. Procura ir acercándote a tu objetivo cada vez más, sin preocuparte demasiado si tienes algún pinchazo. Ya nos preocuparemos cuando llegue noviembre y la tercera vuelta. En esta fase tan preliminar, tus percentiles pueden no ser acordes a tu trabajo, por muy bien que lo estés haciendo.

Esto que acabo de mencionar quizás te resulte tan increíble como desesperanzador. Durante la preparación al MIR es muy probable que uno estudie semana tras semana sin obtener un percentil en los simulacros acorde al esfuerzo realizado “Estoy trabajando mucho”, te dirás, “¿por qué no se refleja en mis percentiles?” Llegado este punto debo hablar de los factores distorsionadores, ya que son circunstancias que pueden afectar de forma importante a tus simulacros y por lo tanto a tu MIR.

Los factores distorsionadores

Introducción. Factores Distorsionadores No Controlables: la suerte. Factores Distorsionadores Controlables: la táctica y estrategia de examen MIR. La táctica MIR: técnica de la siembra, el falsacionismo, un razonamiento malo es mejor que ningún razonamiento. La estrategia MIR: gestión del tiempo. Contestar preguntas sin saber. Pelearse con las preguntas. Cambiar respuestas al final del examen.

Como vimos en la primera parte del ensayo, el Ministerio usaba el MIR para cuantificar la Medicina que sabía cada aspirante. Así conseguía que los mejores, los que más sabían, tuvieran su plaza de especialista. Sin embargo, esto es demasiado bonito para ser verdad. ¿Realmente esto funciona así siempre? Si fuera así siempre, ¿cómo se explican los numerosos casos de personas que aun sabiendo mucha Medicina pincharon en el MIR? ¿Y qué diríamos de esa gente que, sin tener mucha idea, hicieron bastante buen examen en su día?

Aunque nos cueste admitirlo lo cierto es que no siempre hay una relación exacta entre lo que uno sabe y la puntuación que saca en el MIR. Esta “incoherencia” o como queramos llamarlo, se debe a que existen una serie de elementos que pueden alterar la relación conocimiento-puntuación, tanto para bien como para mal. Llamaremos a estos elementos factores distorsionadores (FD). Los FD pueden ser de dos tipos:

  • No controlables: no puedes hacer nada para controlarlos, no puedes evitarlos, ni usarlos en tu favor. Simplemente suceden y pueden tener un efecto positivo, neutro o incluso negativo en tu rendimiento. Afortunadamente estos FD no controlables son muy escasos, siendo el más representativo de ellos la Suerte.
  • Controlables: puedes tanto reducir como aumentar su influencia para mejorar tu rendimiento en el MIR. Un ejemplo clásico es la táctica y estrategia de examen MIR.  Otros FD controlables más mundanos, pero no por ello menos importantes son tus circunstancias físicas al hacer la prueba: si estás cansado o con las pilas cargadas, si estas deprimido o maniaco, si tienes un resfriado...etc.

FD No Controlables: la Suerte

Pues sí, al igual que en todos los aspectos de la vida, en el MIR influye la suerte. Puedes tener buena suerte y que caigan los temas que te sabes mejor o que ante la duda entre dos opciones, te decantes por la correcta. También puede ser al revés, y que tengas mala suerte en el examen. Como es algo que no está bajo nuestro control, lo más sabio es no darle mucha importancia. Además, salvo que te dé un ictus en mitad del examen, la diferencia entre tener buena y mala suerte solo representa unas pocas de netas. Cuando corrijamos un simulacro o el propio MIR simplemente hay que ser conscientes de donde ha tenido papel la suerte para no autoinculparnos más de la cuenta si hemos fallado o para no venirnos demasiado arriba si hemos acertado. La indiferencia es una buena actitud ante el papel de la suerte en nuestra preparación y en nuestro MIR. No me detendré mucho en este apartado, ya que no se puede hacer nada para controlar la suerte.

FD Controlables: la táctica y estrategia de examen MIR. 

Donde sí me detendré es en los FD controlables. Es posible tanto controlarlos como aprender a dominarlos. Por tanto, aunque de serie no seas especialmente bueno en ellos, puedes llegar a manejarlos a la perfección, si entrenas lo suficiente. Nos centraremos concretamente en la táctica y la estrategia de examen. Es sin duda, uno de los grandes capítulos de la preparación MIR. Podemos definir los dos conceptos de la siguiente manera:

  • Táctica MIR: lo que aplicas al enfrentarte a una determinada pregunta tipo test para intentar acertarla, aparte del propio conocimiento teórico.
  • Estrategia MIR: es el modo de hacer el examen en general. Serían cuestiones relativas a por dónde empezar, cuando descansar, como gestionar el tiempo...etc.

Antes de empezar a decir nada, igual que no se puede hablar de la relatividad sin citar a Einstein, no puedo acometer el tema de la táctica y estrategia de examen MIR sin mencionar al Dr. Jorge García Macarrón. Si lo recordáis, era la persona con la que corregíamos los simulacros en CTO. Por ello, aunque haya sido a distancia y no lo haya conocido personalmente, ha sido una de las personas con más influencia en mi preparación. Prácticamente todo lo que se de este tema lo he aprendido de él, a través de sus videos y de su libro “Táctica y Estrategia de Examen MIR”. Salvo dos o tres ideas nuevas y opiniones de mi cosecha, que señalaré debidamente, este apartado se debe en su totalidad a ideas del Dr. Macarron. Por ello, si quiere convertirse en un experto en el tema, algo muy recomendable, remito al lector a ver sus videos y a leer y trabajar su libro que se puede encontrar en la web.

Yo trabajé bastante estos aspectos durante mi preparación. Además, disfrutaba mucho haciéndolo, por dos motivos principalmente. El primero es que me invadía cierta sensación de “hacker” muy placentera cuando adivinaba la solución de una pregunta sin tener ni idea, era como si hubiera sido más astuto que el propio Ministerio. Por otro lado, porque era muy consciente de que iba a necesitar estos recursos en mi propio examen (y así fue), asique ir aplicándolos cada vez mejor me indicaba que iba por el buen camino.  

Una vez justificada su importancia, empezaré hablando de la táctica MIR.

La táctica MIR

Como hemos definido previamente, es todo aquello que puedes usar para acertar una pregunta tipo test, aparte del propio conocimiento que tengas. Copió aquí la recopilación que realicé de las diferentes tácticas del Dr. Macarrón. La tenía pegada en la pared delante de mi mesa de estudio. Seguramente haya muchas cosas que ya sepas, pero no está de más repasarlas.

Táctica tipo test del Dr Macarrón

  • Confía en las afirmaciones laxas.
  • Desconfía de las afirmaciones o negaciones restrictivas y tajantes.
  • Cuando encuentres dos opciones iguales, puedes descartarlas como solución correcta, ya que nunca puede haber dos respuestas válidas en una misma pregunta.
  • Si encuentras dos opciones muy similares, pero distintas en algún matiz, una de las dos suele ser la respuesta correcta.
  • Cuando veas dos opciones contradictorias, una será falsa y la otra cierta. Las otras tres opciones no serán la solución de la pregunta, pero pueden darte pistas a favor de una u otra.
  • Si tres respuestas tienen una característica común, es muy probable que la opción restante sea lo que estás buscando.
  • Un conocimiento inexacto puede ser una pista fundamental, si sabes verla. Nunca te rindas ante una pregunta que no sabes, busca debilidades en su redacción.
  • Las respuestas más elaboradas, con definiciones muy académicas e incluso paréntesis que contienen ejemplos, muchas veces proceden directamente de la literatura médica.
  • Cuando todas las respuestas parecen ciertas, vuelve a leerlas con atención. Seguramente habrás omitido algún pequeño detalle que hace falsa una de las opciones
  • Cuando dos opciones te parezcan correctas, debes decantarte por la más completa.
  • A medida que estudies, presta especial atención a los datos típicos de cada enfermedad. Pueden facilitarte tanto las cosas que se podrían llamar “palabras mágicas”.
  • Ante un caso clínico, los datos del enunciado pueden ayudarte más de lo que imaginas. Si te apoyas en ellos, podrás descartar varias respuestas.
  • Ante un caso clínico, si no sabes la respuesta correcta, busca alguna opción que haga referencia a otra enfermedad relacionada. Muchas veces, estas preguntas tratan de comprobar si eres capaz de distinguirlas.
  • En un caso clínico, cualquier dato que nos ofrezcan puede ser relevante para resolver la pregunta. Cuando no encuentres la solución correcta, revisa el enunciado. La clave puede estar en algún dato que no hayas tenido en cuenta.
  • Cuando te preguntan una escala o algo parecido, la opción central suele ser la correcta
  • Un estudio profundo de las preguntas de convocatorias anteriores puede facilitarte mucho las cosas. Cada año, entre 80 y 100 preguntas están inspiradas en exámenes anteriores.
  • Ante la duda, no sólo debes analizar el contenido, sino también la forma de las preguntas. Algunas veces, existen pistas “salvadoras” en el enunciado o en alguna de las respuestas. En ocasiones, puedes utilizar razonamientos muy simples para resolver preguntas en apariencia complicadas. Usa la lógica.
  • Nunca respondas una pregunta sin leer todo el enunciado, sobre todo si se trata de un caso clínico. Aunque lo veas claro desde el principio, un solo dato puede cambiar el diagnóstico.
  • Nunca respondas una pregunta sin examinar todas las opciones. Aunque una de ellas te parezca cierta, después puede haber otra mejor.
  • El MIR es la puerta hacia la especialización médica, pero no es un examen para especialistas. Aunque aparezcan términos que no domines, procura no distraerte, porque la solución, muchas veces, depende de conceptos muy generales. Puede haber datos de especialista para intimidarte, que solo adornan, y la respuesta se saca fácil.
  • En general, los datos que aparecen en los enunciados no están ahí para confundirnos, sino para ayudarnos. Sólo excepcionalmente son pistas falsas para ponernos a prueba.
  • A veces, las preguntas más obvias están “adornadas” con detalles que tratan de distraernos. La dificultad no está en acertarlas, sino en reconocerlas.
  • Ante un caso clínico muy largo, leer primero las respuestas puede ayudarte a centrar la atención en lo importante. Esto puede ahorrar tiempo, al evitar segundas y terceras lecturas.
  • A veces, el diagnóstico definitivo se confirma al final del caso clínico. Cuando el enunciado es muy largo, aparte de leer primero las respuestas (como dijimos en el capítulo anterior), comprueba también la última parte.
  • Ante cualquier pregunta difícil, debes plantearte qué te están preguntando en realidad. De esta forma, la respuesta correcta puede hasta resultar evidente.
  • Si dominas la teoría necesaria para responder una pregunta, la técnica de examen tiene un papel secundario y debes confiar en tus conocimientos. Ojo a la pseudooveja negra.

A continuación, explicaré algunas tácticas tipo test de mi propia invención.

La táctica de la siembra

Me parece una de las tácticas más eficaces. Se emplea para simplificar las preguntas de tipo caso clínico, que suelen ser precisamente las que más dificultad ofrecen al opositor medio. Me di cuenta de, aunque a menudo parezcan muy extensa y liosas, realmente un examinador tiene que esforzarse mucho para incluir, en pocos renglones de enunciado, datos suficientes que nos lleven elegir una opción y rechazar las otras tres. El examinador forzosamente tiene que “sembrar” muy bien en el enunciado lo que quiere que cojamos en las respuestas para no generar ambigüedades que puedan hacer que la pregunta se impugne.

Si no opinas lo mismo, te reto a que en algún descanso intentes fabricar una pregunta tipo MIR coherente y que no sea demasiado obvia. Al principio puede que te parezca una chorrada, pero pronto verás que no es tan fácil. Por tanto, la técnica de la siembra es preguntarse en cada pregunta: ¿Qué nos está sembrando el autor en el enunciado? ¿Qué quiere que cojamos? En la gran mayoría se puede observar cómo cada frase del enunciado sirve para, o bien apoyar la opción correcta, o bien para descartar las falsas.

Puede que haya algún detalle en el enunciado que intente despistarnos y haga que “te pelees con una pregunta”. Pelearse con una pregunta es una expresión que aprendí del simpático profesor de Cardiología de CTO, Felipe Diez del Hoyo. Significa básicamente que mientras todo el caso clínico apunta a una opción, tú te fijas en un nimio detalle que no termina de cuadrar y que apunta a otra de las opciones. En vez de ser razonables y pensar: marco la opción que es compatible con el 95% del enunciado (que es lo correcto la mayoría de las veces), concedo una importancia brutal a esa pequeña cosa y marco otra opción que acaba siendo falsa. Felicidades, te has peleado con la pregunta. Ha estado pensando durante 5 minutos y al final te has equivocado.

La táctica de la siembra es un buen antídoto contra el fenómeno de pelearse con las preguntas, que es algo que desgraciadamente aumenta conforme se acerca el examen y has estudiado más (saber más hace que a veces pienses demasiado y te equivoques). La táctica de la siembra consigue que simplifiques cada cuestión y te ciñas a lo importante en vez de a lo accesorio. Extraer la idea principal en el enunciado es fundamental para acertar la mayoría de las preguntas caso clínico.

A continuación, veamos cómo se aplica la táctica de la siembra en esta pregunta del MIR 2019.

Paciente de 72 años remitido a urgencias tras padecer un síncope. Presenta hipotensión y dolor abdominal con irradiación lumbar. Se realiza TC abdominal con contraste intravenoso. ¿Cuál sería su diagnóstico y la actitud a seguir?:

  1. Absceso de psoas izquierdo. Realizaría tratamiento sintomático y lo mantendría en observación a la espera de analíticas y otras pruebas complementarias.
  2. Aneurisma de aorta abdominal roto. Es una emergencia y la primera opción es tratamiento quirúrgico o endovascular.
  3. Completaría el estudio con una ecografía abdominal para realizar el diagnóstico diferencial entre absceso de psoas y aneurisma de aorta abdominal roto.
  4. Tumoración hipervascular del psoas. Realizaría resonancia magnética para una mejor caracterización.

La pregunta lleva imagen, pero no hace falta verla para saber la respuesta. Si leemos el caso clínico con atención, rápidamente observamos que nos está sembrando el autor. Un hombre grave pues ha tenido un síncope y está hipotenso, y además le han hecho una prueba importante de urgencias, un TC, por algo será ¿no? Veamos las opciones:

  1. Si fuera un absceso nos hubieran sembrado la respuesta con la palabra “fiebre”. Además, si quisieran que lo mantuviéramos en observación no nos habrían dicho que el paciente está hipotenso. Quieren que actuemos ya.
  2. Cuadra perfectamente con la siembra. Un aneurisma de aorta abdominal roto pone hipotenso rápidamente a una persona y lógicamente hay que intervenirlo cuando antes. Es la respuesta correcta.
  3. Si el autor quisiera que escogiéramos esta respuesta, no nos habría dicho que le han hecho un TC. Si ya le han hecho un TC, ¿para qué le vas a hacer una prueba menos sensible como es la ECO? Con un TC tienes de sobra para el diagnóstico.
  4. ¿Ósea que el paciente esta inestable y te esperas a hacer una resonancia? Ya tienes un TC, ya puedes hacer el diagnóstico y actuar, no necesitas más. La resonancia magnética solo es de urgencia para cosas muy señaladas como patología de la columna vertebral.

Como se puede observar, ante un caso clínico pregúntate hacia donde van la mayoría de los datos del enunciado, y veras como el autor ha ido sembrando la respuesta cuidadosamente.

La táctica del falsacionismo

Esta táctica consiste en cambiar nuestra orientación a la hora de hacer preguntas. Se trata de. en vez de leer cada opción de las respuestas para intentar encontrar la respuesta correcta, ir descartando cada opción falsa hasta que quede solo la correcta y la marcamos. Normalmente, estamos “diseñados” de serie para intentar confirmar más que para intentar descartar, siendo lo segundo mucho más fiable. Es más fiable porque normalmente nos es difícil tener todos los datos suficientes para confirmar con seguridad una opción. Al contrario, a menudo con un dato o dos podemos falsear muchas opciones. Además, resulta muy conveniente ya que nos asegura que hemos leído y tenido en cuenta todas las opciones antes de marcar la que creemos correcta. Así nos evitamos el fallo tonto de fallar preguntas por no haber leído bien el enunciado.

Veamos un ejemplo de cómo aplicar la táctica del falsacionismo en esta pregunta del MIR 2019.

Hombre de 27 años, sano, que consulta por presentar dolor intenso en oído derecho que empeora con la presión sobre el trago, secreción purulenta, sensación de taponamiento, prurito y cierto grado de hipoacusia de varias horas de evolución. En la exploración otoscópica se comprueba la presencia de otorrea y signos inflamatorios importantes en el conducto auditivo externo. ¿Cuál es el diagnóstico más probable?:

  1. Otitis media seromucosa.
  2. Otitis externa difusa.
  3. Otitis externa maligna.
  4. Otitis media aguda perforada

Vamos a intentar falsear cada opción hasta quedarnos con la respuesta correcta:

  1. No es correcta por varias razones. En una otitis media seromucosa el CAE sería normal. La clínica sería hipoacusia y sensación de taponamiento de más tiempo de evolución (no dice cómo está el tímpano). Puede tener dolor, más bien molestias, pero no como una otitis externa. Pero nos basta un solo dato del enunciado para descartar rápidamente esta opción. El signo del trago es positivo. El signo del trago consiste en dolor al presionar el pabellón auricular y solo está presente en otitis externa. Por tanto, no se trata de una otitis media seromucosa. 
  2. No encontramos nada en el enunciado que falsee esta opción. Es la respuesta correcta. 
  3. No es correcta por varias razones. En la otitis externa maligna existe mucho dolor y el curso de la enfermedad es más tórpido, no tan agudo. Además, se considera maligna cuando a pesar del tratamiento con antibioterapia tópica no mejora o en la otoscopia vemos destrucción del CAE, pudiendo a llegar a verse el hueso incluso. Pese a este largo razonamiento, con una simple observación podemos apañarnos: el paciente es un hombre sano, lo cual descarta que sea una otitis externa maligna. Esta es más típica de personas de edad avanzada, diabéticos mal controlados e inmunodeprimidos.
  4. No es correcta por varias razones. Nos hubieran contado antecedentes de catarro de vidas altas o congestión nasal. La evolución es más larvada que en pocas horas. Existiría gran hipoacusia, y si fuera perforada habría otorragia. Además, el paciente suele presentar fiebre. Al margen de ello, esta opción puede ser descartada de forma rápida gracias de nuevo al signo del trago que sería negativo si fuera una otitis media aguda perforada.  

Así es como se va falseando cada opción. Es fácil descartar las opciones incorrectas cuando encontramos algo en el caso clínico que no cuadra con las mismas. Como hemos visto en esta pregunta tipo caso clínico, el signo del trago positivo nos permite descartar dos opciones rápidamente, y dejarnos la opción correcta, la numero 2, prácticamente en bandeja.

Un mal razonamiento es mejor que ningún razonamiento

No sé si esto es extensible a toda la realidad que nos rodea, pero estoy bastante seguro que en el MIR un mal razonamiento es mejor que ninguno en absoluto. A la hora de resolver una pregunta o a la hora de corregirla, debes intentar hacer el razonamiento que te lleve a la opción correcta. No importa que el razonamiento sea correcto en sí, porque incluso aunque te lo hayas inventado todo, puede que te lleve a acertar la pregunta. Además, de esta manera te acostumbraras a razonar las preguntas durante la preparación. Para ilustrar la cuestión, voy a poner como ejemplo una pregunta de mi propio MIR bastante complicada. Fue una de las preguntas de reserva que entraron en juego, después de que impugnaran algunas preguntas del propio examen. Dada su dificultad, la falló mucha gente. Yo en cambio la acerté, lo que fue decisivo para mí.

¿Cuál de los siguientes factores NO se asocia al desarrollo de cálculos de pigmento en la vesícula biliar?:

  1. Hemolisis crónica
  2. Anemia perniciosa.
  3. Infección crónica de vías biliares.
  4. Colangitis biliar primaria.

Difícil ¿no? Lo cierto es que esta pregunta no me sonaba a nada que hubiera estudiado durante la preparación. A pesar de su complejidad y de que apareciera al final del examen (después de varias horas de lucha a brazo partido), yo me encogí de hombros y pensé: “otro día más en la oficina”. Tanto mi preparación como el MIR había estado repleta de preguntas aleatorias como esta, asique para mí no fue una sorpresa. Simplemente pensé, partiendo de que no tengo ni idea, ¿qué razonamiento puedo hacer para acertar la pregunta?

  • Mi razonamiento: yo pensé, como su nombre indica, en una colangitis biliar primaria, se inflaman los canalículos biliares en el hígado y se obstruyen. Por lo tanto, la bilirrubina no es capaz de fluir hacía la vesícula y por lo tanto no puede haber cálculos pigmentados allí. En las otras opciones, en principio no debería haber tal obstrucción, por lo que la bilirrubina puede llegar a la vesícula biliar y formar cálculos pigmentados. Genial, contestaré la opción 4, como factor que NO se asocia a al desarrollo de cálculos de pigmento en la vesícula biliar.
  • El razonamiento real (tocho-comentario de Mir Asturias): los cálculos de pigmento negro están compuestos de bilirrubinato cálcico puro o complejos similares a polímeros con calcio y glucoproteínas de mucina. Son más frecuentes en individuos que tienen estados hemolíticos crónicos (con aumento de bilirrubina conjugada en la bilis) (respuesta 1 incorrecta), cirrosis hepática, síndrome de Gilbert y fibrosis quística. La anemia perniciosa en este sentido se comporta como una anemia hemolítica (respuesta 2 incorrecta). Los cálculos vesiculares en individuos con enfermedades o extirpación del íleon o derivaciones de este segmento por lo común son también de pigmento negro. La circulación enterohepática de bilirrubina contribuye a su patogenia. Los cálculos pardos están compuestos de sales de calcio con bilirrubina no conjugada y diversas cantidades de colesterol y proteínas. Son producto de la presencia de mayores cantidades de bilirrubina no conjugada insoluble en la bilis, que se precipita para formar cálculos. Esta situación se ve favorecida cuando la bilis está infectada en forma crónica por bacterias (respuesta 3 incorrecta). La colangitis biliar primaria en principio no favorece la aparición de cálculos de pigmento (respuesta 4 correcta)

Como se puede ver, la teoría detrás de esta pregunta no tiene absolutamente nada que ver con lo que yo pensé al responderla. A pesar de ello, mi razonamiento me llevo a acertar una pregunta muy complicada. Recomiendo que a lo largo de la preparación se entrene a realizar estos razonamientos, sabiendo que, aunque es probable que no sean veraces, pueden ser útiles para llevarte puntos a priori perdidos.

La estrategia MIR

En este abordaré cuestiones relativas a la ejecución del examen, no pregunta por pregunta, sino en general. Trataré temas como qué hacer con el tiempo, que maneras de razonar existen y que peligros debemos evitar.

Sistemática a la hora de contestar preguntas

Es importante que la sistemática que sigas en los simulacros sea la misma que piensas aplicar en el examen MIR. De esta manera estarás entrenado a la perfección para cuando llegue el gran día. Mi sistemática consistía en empezar por la primera pregunta después de las preguntas con imagen (la pregunta 36) e ir haciendo tandas de 50 preguntas. Tras hacer una tanda de 50 preguntas, pasaba a la hoja de respuestas las que tuviera seguras. Las que no supiera o tuviera dudosas, las contestaba en el folio del examen, pero no las pasaba a las hojas de respuesta hasta el final.

Por tanto, empezaba en la pregunta 36 y hacía hasta la pregunta 86. Entonces pasaba las respuestas a la hoja de respuestas . Después hacía desde la 86 a la 136 y pasaba las respuestas. A continuación, desde la 136 a la 185. Finalmente hacía las 35 preguntas de imágenes. Lo ideal es que tardara 3 horas y media en hacer todo el examen. La media hora que me quedaba la empleaba en repasar y en decidir qué contestar en las preguntas que tuviera dudosas o que no supiera.

Gestión del tiempo

La gestión del tiempo es un aspecto fundamental en el MIR. De hecho, yo diría que es el principal factor limitante del examen. Si en vez de 1,5 minutos por pregunta hubiera 5 minutos por pregunta, la gente tendría muchas mejores puntuaciones. El Ministerio se aprovecha de esto para añadir dificultad al examen y poder discriminar más. Estoy convencido de que se falla más por quedarse sin tiempo y no poder leer bien el enunciado o pensar correctamente que por falta de conocimiento. Además, son errores muy dolorosos, porque al corregir el simulacro o el propio MIR, te das cuenta que podrías haber acertado la pregunta si hubieras tenido suficiente tiempo para luchar con ella. Para tener un buen timing del examen recomiendo:

  • Tener un reloj para controlar el tiempo.
  • Llevar un ritmo de 50 preguntas por hora aproximadamente. Así, nos sobrarán unos 30 minutos al final para repasar.
  • No pelearse con las preguntas (fundamental).
  • A la hora de enfrentarse a una pregunta con un enunciado largo, leer primero las opciones de respuesta para hacerse una idea y a continuación leer el enunciado.
  • Saber dar una pregunta por perdida. Ante preguntas imposibles lo mejor es responder la que más te guste sin perder ni un segundo de tiempo, aunque no tengas ni idea.
  • Evitar consumir tiempo yendo a descansar, orinar, comer o beber. Se que es algo muy personal y hay personas que no pueden aguantar 4 horas sin hacer alguna de estas cosas. Pero yo creo que es perfectamente factible para la gran mayoría el acostumbrarse a estar 4 horas sentado sin hacer otra cosa que el examen. Simplemente hazlo así desde el primer simulacro y ya verás. Todos mis simulacros los realicé de esta manera, me sentaba y hasta que no terminaba ni descansaba, ni comía, ni bebía ni orinaba. (Nota: En algunos simulacros de primera vuelta sí que me llevaba algunos dátiles para comerme en mitad del examen, pero fue una manía pasajera. Vi que no me aportaban gran cosa y que me desconcentraban, asique abandoné esa práctica. Lo que mantuve durante todos los simulacros y el día del MIR fue tomarme mi vaso de café solo antes de empezar.)

Contestar preguntas sin tener ni idea

Si, has leído bien. Mientras las preguntas del MIR sigan siendo tipo test de 4 opciones, hay que contestar todas las preguntas del examen, aunque no tengas ni idea. En un examen tipo test de 4 opciones por pregunta, incluso en el peor escenario de dudar entre las 4 opciones, el azar tendería a equilibrar aciertos y fallos y nos quedaríamos indiferentes. Sin perder ni ganar. En las demás situaciones, es decir cuando dudáramos entre dos o tres opciones, saldríamos incluso ganando. Teniendo en cuenta que normalmente una opción es bastante descartable, el 99% de las veces es beneficioso contestar sin saber con certeza la respuesta.

En mi MIR respondí todas las preguntas, aunque admito que había algunas que desconocía en gran medida. Resultaba un poco raro, y daba algo de miedo, no lo negaré, responder una pregunta casi totalmente al azar. Pero como dije, había que confiar en la academia y siguiendo fielmente sus mandatos, dejé 0 preguntas no contestadas en el examen. Alea jacta est.

Heurística en el examen MIR

Para explicar que es la heurística y cuál es su papel en el MIR, nos podremos en la piel del que realiza el examen, y como si de un soldado se tratase, avanza hacia el asalto de una imponente fortaleza. Cada pregunta del examen representa un obstáculo a vencer.  

Por tanto, imaginemos a Pango corriendo por la llanura con el objetivo de llegar a la muralla de la fortaleza del MIR. A 500 metros antes de llegar, sin embargo, descubre que los defensores han llenado el campo de trampas mortales. Han enterrado varios cepos metálicos que al mínimo roce saltarán atrapando la pierna de la persona y le harán merecedor de una sesión conjunta de traumatología, cirugía vascular y cirugía plástica. Obnubilado por los gritos de sus compañeros al caer y la visión de piernas ajenas volando por los aires y llenando todo de sangre, Pango tiene dos opciones para esquivar estos cepos:

  • Opción 1: instintivamente se da cuenta de que parece que allí donde han escondido un cepo, hay tierra removida. Se le ocurre que, mientras sigue corriendo como si fuera Usain Bolt, puede ir fijándose y evitando las zonas con tierra revuelta. Realmente no está seguro de que así sea el 100% de las ocasiones. Puede que alguien muy listo haya disimulado muy bien el cepo sin dejar tierra revuelta. Sin embargo, es una decisión rápida y con la que puede manejarse con un porcentaje bastante alto de acierto.
  • Opción 2: fría y lógicamente, Pango se para a pensar. Sabe que tiene un detector de metales en la mochila con el que podría detectar el 100% de los cepos metálicos. Sin embargo, necesita 1 hora para montarlo, y tendría que ir andando lentamente para ir detectando cada cepo. Es la mejor solución ya que detecta todos los cepos y se asegura de no caer en ninguno.

En el fragor de la batalla, con la tensión del que se juega la vida, las emociones a flor de piel, y el tiempo limitado, ¿qué opción creéis que escogería Pango? Evidentemente la 1.

La opción 1 es precisamente lo que se llama heurística en el campo de la psicología de la toma de decisiones. La heurística se relaciona con los atajos, las soluciones prácticas a las que llegamos antes los problemas que se nos presentan sobre la marcha. Tiene la ventaja de que es poco costosa en cuanto al consumo de recursos de tiempo y energía mental, aunque es verdad que no siempre acierta. También se llama sistema 1 y se caracteriza por ser rápido, instintivo y emocional.

En cambio, la opción 2, comúnmente conocida como el sistema 2, es un sistema lento, más deliberativo y más lógico. Aunque tiene un gran porcentaje de éxito, consume gran cantidad de tiempo y recursos.

Cuando nos enfrentemos al MIR, a la hora de resolver preguntas usamos más el sistema 1 que el sistema 2. Por mucho que nos cueste admitirlo, ante la situación de tener poco más de 1 minuto por pregunta, con un alto nivel de dificultad, con las emociones, el cansancio y demás de por medio, no somos ni fríos, ni lógicos y dudo siquiera que podamos permitírnoslo. Hay que aceptar la realidad, y la realidad es que el sistema 1 predomina.

El problema de mucha gente es que se cree que va a poder aplicar gran parte de lo estudiado de los manuales en un razonamiento fisiopatológico perfecto y detallado en el examen. Cuando se dan cuenta de la realidad, no están preparados para decidir en un ambiente de sangre, sudor y lágrimas y se hunden. Lo más adecuado, sin embargo, es aprender a usar el sistema 1. Esto es sentirte cómodo en él, acostumbrarte a decidir en la mayor de las incertidumbres y luchar en el barro sin tener prácticamente ninguna certeza.

Como dijimos anteriormente, los simulacros estaban para que te acostumbraras a situaciones de este tipo. Esto quiere decir que todos los simulacros incluido el MIR van a ser así. Muchos opositores se equivocan al pensar que tras X tiempo de preparación habrá un momento donde los simulacros no le costarán trabajo, donde estarán cómodos y sepan cual es la respuesta correcta de cada pregunta de forma rápida y segura. Donde vayan tan sobrados que puedan emplear el sistema 2 con éxito, parándose en cada pregunta e ir resolviendo con soltura una a una.

Eso es falso. Eso nunca va a pasar. Es muy raro que salgas de un simulacro con la sensación de haber bordado el examen. Por el contrario, de la mayoría saldrás con la sensación de que has hecho lo que has podido por sobrevivir y que no sabes muy bien cómo te ha salido. De hecho, seguramente seas pesimista con respecto a tu resultado final.

Entonces te preguntarás, ¿de qué sirve estudiar y prepararse? Si no voy a poder pararme a usar mi conocimiento. No te equivoques, sí que usas tu conocimiento y tu preparación. Pero uno siempre se imagina que los usará en un contexto tipo sistema 2. Y la realidad es otra. Tu conocimiento y preparación sirven para enriquecer y fortalecer tu heurística o sistema 1.

En efecto, prepararte para el MIR no consiste en otra cosa que entrenarte para que casi de forma automática y sin darte cuenta, al leer una pregunta y sus 4 opciones, hagas un razonamiento rápido, y llegues a la respuesta. Igual que cuando conduces un coche. La experiencia al volante hace que reacciones mejor y más rápido antes los diferentes imprevistos que surgen en la carretera. Sin saber muy bien por qué, y sin pararte a pensar, actúas y salvas la situación. Esto lo haces porque ya estas entrenado.

De la misma manera, en el MIR, la preparación no consiste en otra cosa que entrenarte para que cuando llegue ese momento tan intenso, tu “subconsciente” te empuje a la respuesta correcta con heurística y razonamiento rápido.

En mi MIR yo tuve la sensación de que duró 5 minutos. Lo que pasó durante el examen, no lo sé muy bien. Es como una nebulosa. Empezamos y de repente, al terminar de pasar las últimas respuestas a la hoja de respuestas miré el reloj y quedaban 15 minutos. Salí con la sensación de que había hecho un examen raro y que no tenía ni idea de que nota iba a sacar. Y fijaos lo bien que salió.

“Pelearse” con las preguntas.

Este es uno de los grandes peligros del opositor en los simulacros. Ocurre cuando uno se enfrenta a una pregunta y tiene dudas de cuál es la correcta entre las opciones, generalmente entre dos de ellas. En vez de resolver rápido decidiéndose por la más probable o la que más le suene, empieza a leer la pregunta y las opciones una y otra vez, en busca de ese elemento mágico que le señalará cual es la correcta. Pasan 5 minutos y ahí sigue. Realmente no existe esa clave, pero a él no le importa. Vuelve a leer el enunciado y las 4 opciones sin descubrir nada nuevo.  Está tan cerca de resolver la pregunta que le cuesta elegir entre esas dos opciones que parecen tan probables. Ha gastado un tiempo precioso, que le faltará para otras preguntas, y lo peor es que cada segundo que pasa está más cerca de escoger una respuesta incorrecta. Finalmente escoge una, mientras interiormente piensa que está fallando y que era la otra opción. Resultado: 7 minutos de pregunta y encima fallada. Unas cuantas más así en el examen y habrá fracasado. Se ha “peleado” con la pregunta.

Como he dicho este es un error tan frecuente como grave en los opositores al MIR. Tiene la peculiaridad de que, a diferencia de otros, no disminuye con la preparación. Si lo descuidas, tiende incluso a aumentar. Se relaciona también con el llamado “síndrome del experto”. A medida que estudiamos y practicamos con preguntas, tendemos a confiar en exceso en nuestra preparación y a pensar demasiado las cosas. Está bien confiar en lo que uno sabe, pero a veces esto resulta en rumiar incesantemente algunas preguntas particularmente oscuras y en bajar la guardia cuando no debemos. Muchas veces nos damos cuenta de que la misma pregunta que acertamos en el primer mes de preparación, la fallamos a pocos meses antes del MIR. Eso es porque hay preguntas que conviene atacar con la ingenuidad del neófito, en vez de liarse en la marabunta del conocimiento acumulado.

A veces es mejor pasar de todo el conocimiento y hacerse los inocentes para resolver una pregunta. No quieras hacerte el experto y razonar cada detalle de cada pregunta. Has estudiado mucho, sí. Sabes mucho, de acuerdo. Pero te diré una cosa, desconoces infinitamente más de lo que conoces. Por mucho que te prepares hay cosas que se te escaparán. Acéptalo y no pierdas el tiempo. No sea que por culpa de pelearte con demasiadas preguntas pongas en riesgo todo el examen y tu año de preparación

El pelearse con las preguntas también se previene yendo a lo fácil. No busques tres patas al gato. Usa la táctica de la siembra. Se un poco empático con el que ha hecho esa pregunta, ¿qué te está pidiendo que contestes? Otro truco es ponerte como máximo 1 minuto y 30 segundos por pregunta. Pasado ese tiempo, lo mejor es contestar la que te llamara desde el principio. Tras tanta preparación, tu subconsciente te empuja hacía la opción correcta en muchas ocasiones.

Recuerdo un estudio que leí hace tiempo en el que se les presentaban mamografías a unos cuantos radiólogos. Se les pedía que las examinaran y que dijeran si había o no tumor y donde se encontraba. Los investigadores analizaron los movimientos oculares de los radiólogos y vieron que, en numerosas ocasiones, al observar por primera vez alguna de las pruebas, los ojos enfocaban directamente o se detenían justo en donde estaba el tumor, aunque los radiólogos finalmente concluyeran que era una mamografía normal. Era como si supieran que allí había algo raro, aunque no fueran consciente de ello. Esto nos muestra como en muchas ocasiones, el subconsciente acierta donde la consciencia y el raciocinio fallan.

De igual manera, estoy convencido de que, con el debido entrenamiento, uno inconscientemente detecta las respuestas correctas en el examen, aunque racionalmente no sepa cuales son. Por eso recomiendo bastante confiar en las primeras impresiones cuando no se tenga ni idea. Lógicamente si te sabes la respuesta, y eres capaz de razonarla, mejor. Pero si no tienes ni idea de cuál es la respuesta a una pregunta, no desdeñes tu instinto. Desde tu fuero interno él te guiará en muchas ocasiones al acierto. Y es una pregunta tan válida como otra.

Otro truco que tenía yo en estas ocasiones de duda era dejar la pregunta en blanco y seguir haciendo el examen, para no perder tiempo pensando. Mientras mi yo consciente razonaba las siguientes preguntas, mi yo inconsciente iba resolviendo esa que me había dejado. Cuando quedaban 10 minutos de examen y volvía a leer la pregunta que me había dejado: ¡Bum!, la solución aparecía clara y diáfana. Os recomiendo probar este truco alguna vez porque a mí me funcionó a menudo.

Cambiar respuestas al final del examen

Normalmente se recomienda no cambiar preguntas al final del examen. El razonamiento que se hace es el siguiente: ¿En qué confías más, en lo que has respondido cuando estabas fresco o en lo que respondes tras 4 horas de examen, cuando ya estas cansado y tiendes a cometer más fallos tontos?  Estoy de acuerdo con este modus operandi, pero quisiera matizar que en mi opinión esto no es aplicable de forma absoluta a todas las situaciones. De hecho, yo solo lo emplearía cuando has dejado que tu instinto responda. Cuando no sabias que poner y has respondido la que más te sonaba. Si has hecho eso, mejor no volver a tocar esa pregunta. Pero si descubres el razonamiento que resuelve la pregunta o si ves que te habías equivocado leyendo la pregunta, o te das cuenta de que te has equivocado marcando la pregunta pues claro que hay que cambiar. Os pongo un ejemplo real del mí propio MIR de 2019:

En una mujer de 40 años, no embarazada y sin antecedentes patológicos de interés, diagnosticada de rinitis alérgica leve-moderada intermitente por sensibilización a pólenes de gramíneas, ¿cuál de los siguientes tratamientos sintomáticos es de elección?: 

  1. Hidroxicina oral y bromuro de ipratropio (aerosol nasal).
  2. Bilastina oral y mometasona (aerosol nasal).
  3. Dexclorfeniramina oral y cromoglicato tópico nasal.
  4. Ketotifeno oral y oximetazolina tópica nasal.

Cuando leí esta pregunta, además a principios del examen, me dije: no tengo ni idea. Solo se que para la alergia se suelen emplear anti histamínicos. El único que conocía era la Hidroxicina. Esa opción llevaba también un anticolinérgico, el bromuro de ipratropio, que se usa como broncodilatador en el asma, por lo que pensé que no pintaba mal y la marqué (igual que dilata los bronquios puede dilatar la nariz y así mejora la congestión ¿no?). Las otras opciones ni me sonaban. Aun así, me dije a mi mismo, bueno, si tengo tiempo a final del examen la vuelvo a mirar, por si acaso.

Total, llega el final del examen, y repasando las preguntas dudosas me la encuentro. Leo las opciones y veo la número 2. Bilastina. Y de repente se me ocurre: se parece a Ebastina, que sabía que era un anti histamínico, y además de segunda generación (que siempre nos los nombraban como muy apetecibles por sus pocos efectos secundarios y su potencia). ¿Y si la Bilastina fuera también un anti histamínico, pero de segunda generación? Emocionado por este descubrimiento leí: Mometasona. Ni idea de lo que era. Pero nuevamente, surgió la magia: ¿no se parece a Cortisona? Entonces, puede que sea también un corticoide. Y los corticoides se usaban para causar vasoconstricción la rinitis alérgica y mejorar los síntomas ¿no? El tratamiento me cuadraba: antihistamínico más corticoide. Gracias a este razonamiento, la 2 empezaba a gustarme mucho más que la 1. Además, empecé a sospechar que lo del Bromuro de Ipatropio estaba para despistarnos con el asma. Entonces fue cuando lo tuve claro, y cambié la opción 1 por la 2. La 2 resultó ser la correcta.

La moraleja de esta historia es que no hay que ser cerrados. Al final del examen es recomendable cambiar respuestas si hay razones de peso. Lo que no debes hacer es cambiar una por otra por “que te suena”, o razones débiles de este tipo.

Conclusión

Espero que las técnicas del doctor Macarrón y mis comentarios te sirvan de ayuda. Se que es un tema extenso y variado, pero merece la pena trabajarlo. Conozco mucha gente que ha tenido éxito en el MIR e independientemente de sus cualidades, de su esfuerzo, de su conocimiento de la Medicina, todos tenían una cosa en común: sabían hacer preguntas tipo test. Esto me ha hecho pensar que el manejarse con el tipo test es una condición casi indispensable para tener éxito en el MIR y que no debe ser descuidada en la preparación. Además, por suerte es algo que se puede entrenar y mejorar mucho, asique no te preocupes si eres de los que no ha nacido con una especial habilidad para hacer preguntas tipo test. Si te entrenas debidamente, puedes alcanzar el máximo nivel.

Con esta parte terminamos los factores distorsionadores de la relación conocimiento-puntuación en el MIR. Céntrate en los controlables y olvida los que no puedes controlar. Pasemos a hablar de cómo interpretar los resultados

Psicología MIR I.

Los resultados de los simulacros. La Vocecita. Por mí que no quede. Interpretación de los simulacros: yo vs los demás. 

Los resultados de los simulacros

A medida que avanza la segunda vuelta, los resultados de los simulacros se van estabilizando y son más representativos de como estas preparándote en comparación con los de primera vuelta. Pero que sean más interpretables no quiere decir que sean la Biblia. Hay que ser muy cuidadosos a la hora de sacar conclusiones de los mismos y, sobre todo, en como dejamos que nos afecten psicológicamente.  

En mi caso, en segunda vuelta los simulacros aumentaban su frecuencia a un simulacro cada dos semanas. Cada 14 días te asomabas a la ventana de la competitividad exacerbada del MIR y veías tu percentil. A esto hay que añadir, que, a partir del simulacro número 17, CTO empezó a subir el nivel de dificultad de los simulacros de forma brutal.  Eso suponía una mayor carga emocional todavía. Literalmente uno estudiaba 11 hora diarias durante la semana para ser vapuleado el sábado.

Creo que sobre la psicología del MIR se ha hablado mucho y con razón, puesto que es un tema importante. Sin embargo, pienso que también es muy subjetivo y que puede resultar complejo de tratar adecuadamente. Yo intentaré ceñirme a explicar como la psicología puede jugar alguna mala pasada a los opositores y cómo podemos aminorar sus efectos más negativos.   

Cuando hablo de la psicología en el MIR me refiero a las emociones que suscita. Aunque depende de la persona, en general, podemos decir que a medida que avanza la preparación, el MIR se vuelve más emocional. Y como toda guerra, las emociones que suscita no son alegría, paz y esperanza. Al contrario, los sentimientos que predominan en la guerra del MIR son el miedo, la ansiedad, el agobio, el desfallecimiento, la tristeza..etc.  

Además, es posible hacer una división, quizás artificial, pero muy útil. Consiste en separar la psicología del MIR entre la psicología propia, las propias emociones que tu sientes; y la psicología ajena, las emociones de los demás. Estas lógicamente no las percibimos, pero si podemos ver las actitudes que desencadenan en nuestros compañeros, muchas de ellas a evitar. En esta segunda vuelta comienzan a aflorar nuestros propios sentimientos por lo que nos centraremos en ellos. Dejaremos la psicosis ajena para cuando acometamos la tercera vuelta que es cuando alcanza su máxima expresión.

Conozcamos por tanto a la Vocecita, paladín de nuestras emociones que generalmente hace su aparición en la segunda vuelta.

La Vocecita

La Vocecita no es más que una de las diversas versiones de ti mismo intentando hacerte perecer en la guerra mírica.  Se caracteriza por buscar siempre el lado negativo de las cosas, y suele atacar cuando haces o corriges un simulacro. Da igual tu resultado, la Vocecita siempre encontrará alguna razón para intentar deprimirte. Para la Vocecita, si subes de percentil ha sido por suerte, si bajas de percentil, no es que hayas tenido mala suerte, es que eres un paquete. Desde lo más hondo de tu ser, aprovecha para atacarte en momentos de soledad, con nocturnidad, alevosía y ensañamiento. La podrás detectar más de una vez a lo largo de tu preparación susurrándote al oído cosas como:

“No estás trabajando lo suficiente, tu percentil es demasiado optimista, deberías estar en un percentil más alto, ya verás como en el próximo simulacro bajas de percentil, menudo fallo en esta pregunta tan tonta, fallas las preguntas fáciles y aciertas las preguntas difíciles, solo aciertas las preguntas fáciles y no aciertas ni una pregunta difícil, has fallado muchas preguntas de la asignatura que has dado esta semana y has acertado preguntas de asignatura que no has dado, este concepto te lo sabías y ya se te ha olvidado, mira esta pregunta que ha acertado todo el mundo y tú no, no vas a conseguir la plaza que quieres, no levanto cabeza en Hematología, ¿a cuánto estaba hidrología en Teruel?...”

Todos, absolutamente todos tenemos nuestra Vocecita. Eso no es malo, es normal. Es el resultado de la mezcla de ansiedad, cansancio, miedo, y tristeza. Lo peligroso es cuando esta Vocecita llega a afectar a nuestro trabajo diario. Recordemos que este trabajo diario es el que poco a poco aumenta nuestra probabilidad de éxito en el MIR. Si se ve afectado por la Vocecita, ya sea porque nos desconcentramos, nos cansemos más rápido o perdamos la ilusión, las consecuencias pueden ser catastróficas.

Tenía compañeros a los cuales resultaba un auténtico calvario cada corrección de simulacro. La simple visión de su percentil les destrozaba anímicamente, aunque les hubieran ido mejor las cosas. Recordemos que para la Vocecita nunca es suficiente. Tanto les afectaba, que su rendimiento de la semana disminuía notablemente, lo cual hacía que empeoraran en los simulacros y así sucesivamente. Era un círculo vicioso.

Por tanto, es un deber primordial aprender a controlar la Vocecita. No podemos eliminarla, por lo que hay que aprender a vivir con ella. Además, a medida que avanza la preparación al MIR y se acerca el examen, su papel no solo no disminuye, sino que aumenta aprovechando el cansancio y la ansiedad acumulada. Si no controlamos la situación, cada simulacro puede intensificar la influencia negativa de la Vocecita en nuestra preparación. El mejor truco es la indiferencia.

¿Cómo? ¿Cómo puedes decirme que sea indiferente ante una etapa tan importante en mi vida?

No, no he dicho eso. Lo que digo es que hay que ser indiferentes ante los resultados de los simulacros y los percentiles; en todo lo demás hay que ser intensísimo. Volvemos a la asimetría de la regla de la mancuerna. Mientras que debemos ser intransigentes en seguir con constancia nuestra rutina diaria, hay que ser muy indiferentes en cuanto al resultado de los percentiles. Una interpretación adecuada de los resultados de los simulacros sería tal y como sigue:

  • Percentil cerca de mi objetivo, o lejos durante menos de 3 simulacros seguidos: vas en buen camino, sigue con tu rutina. Al igual que una batalla no decide toda la guerra, un mal resultado aislado en un simulacro no define tu preparación. Recordemos los factores distorsionadores que pueden alterar totalmente el resultado de una prueba. Imagina que esa noche no habías dormido bien porque había un concierto al lado de tu casa, o que estabas cansado porque habías estudiado mucho la mañana previa al simulacro, o simplemente que has tenido muy mala suerte y el resto de la gente ha sido muy afortunada. Miles de cosas. Por tanto, no hay que alarmarse ante uno o dos malos resultados en simulacros. Es perfectamente normal. No dejes que afecten, vía Vocecita, a tu rendimiento semanal. Mantente lo más indiferente posible y habrás dado un paso más en el dominio de la lucha contra ti mismo del MIR.
  • Percentil lejos de mi objetivo durante 3 simulacros seguidos: probablemente estás haciendo algo mal. Analiza tu método y busca si hay algo en lo que podrías mejorar. Si no encuentras nada o ya has cambiado cosas sin mejoría alguna, habla con los tutores de tu academia para que te ayuden a detectar cosas mejorables en tu preparación.  

Por mí que no quede

Se que no es fácil lograr esta indiferencia al 100%, pero ir progresando en ella nos evitará gran parte de los naufragios psicológicos post simulacro. Por si os sirve de ayuda, os cuento como alcancé este estado zen de indiferencia durante mi propia preparación. Usé la estrategia del “por mí que no quede”. Este truco consiste en currar tanto en el día a día que, aunque fracases el día del simulacro, sabes que no es tu culpa. Por ti no ha quedado, has puesto toda la carne en la parrilla. Al que da todo lo que tiene, no se le puede pedir más. Cuando salía de mi casa cada sábado a hacer el simulacro (yo me imaginaba que iba hacer el MIR real) me decía a mí mismo mientras andaba:

¿He cumplido con creces la rutina que me dictaba mi academia durante la semana? Si. ¿Lo he dado todo por mi parte, tanto que no he podido hacer más? También. ¿Voy a luchar el simulacro como si me jugara la plaza? Por supuesto. Entonces si he hecho lo que me han dicho los expertos y he luchado todo lo que estaba en mi mano, debo estar tranquilo. Afrontaré con indiferencia y con calma los impostores del éxito y el fracaso. Simplemente trataré de aprender de mis fallos para hacerlo mejor la próxima vez. Tanto si me va bien como si me va mal, sé que estoy en el camino correcto y confió en que si me mantengo firme durante todos los meses de preparación alcanzaré mi objetivo.

Así es como evitaba que un mal o un buen resultado afectaran a mi trabajo semanal. Esto es vital. Realmente, un mal percentil en un simulacro puede ser positivo si te ayuda a mejorar, mientras que un buen percentil puede ser hasta malo si hace que te relajes. El secreto está en cómo te lo tomes tu.

Interpretación de los simulacros: yo vs los demás

Quisiera añadir un último comentario sobre la interpretación de simulacros. Como dije, en el MIR no importa la puntuación que saques, sino como quedas en relación a los demás. Por esta razón es muy fácil el obsesionarse con los percentiles. Hay gente que durante la preparación viven por y para el percentil, no ya con su percentil, que es más aceptable, sino sobre todo el de los demás. Y las comparaciones, como se suele decir, son odiosas.

Son odiosas porque la mayoría de las veces nuestra propia situación personal no es comparable con la de los demás. A lo mejor hay alguien haciendo trampa (esto es muy real, hay gente que hace trampa a la hora de corregir los simulacros y los mete con más aciertos de los que realmente ha obtenido), a lo mejor hay repetidores del año pasado que saben mucho más que tu al principio, a lo mejor hay un superdotado que juega en otra liga y así mil cosas. Si te comparas con esta gente, te fustigarás y te deprimirás innecesariamente por no superarles. Pero es como si te deprimes por no jugar al tenis como Rafa Nadal. No tiene sentido y encima es perjudicial. No son casos comparables.

Por tanto, durante la preparación siempre habrá gente que tenga tanto mejor como peor percentil que tú. No te fijes mucho en eso. Lo realmente útil es, en vez de compararte con otros, compararte contigo mismo. Tu misión siempre deber ser subir de percentil hasta llegar a tu objetivo, y si ya estás en tu objetivo, tu máxima aspiración es mantenerte en el a toda costa. Mírate a ti mismo, no mires a los demás. Tu si eres comparable contigo mismo. Y si te mantienes en tu objetivo o incluso subes más allá, enhorabuena, estás en el camino y debes mantenerte así. Si llevas una tendencia a la baja de forma mantenida, analiza en que podrías mejorar para llegar a donde quieres estar.  

El domingo.

Tras trabajar de lunes a viernes y la clase y el simulacro del sábado, llegaba el domingo. El domingo durante la preparación del MIR era el día de descanso en CTO y en el resto de las academias. Es un día muy importante porque el descanso es una de las partes más importantes del estudio. Si no descansas, luego no rindes bien cuando tienes que hacerlo.

Yo utilizaba el domingo para hacer algo que me relajara y me ayudara a descansar. Esto es algo muy personal de cada uno. Recomiendo al opositor hacer lo que más le sirva para recargar fuerzas para la semana, sea lo que sea. No existe una formula general para esto.

Además, tengo un matiz que añadir. Domingo realmente significa un día de descanso a la semana. Si por tus circunstancias el domingo tienes que trabajar, puedes perfectamente descansar el lunes u otro día que tengas libre. Cada uno tiene que adaptarse para cumplir lo más fielmente posible el método de su academia, pero esto no significa ser totalmente rígidos e inflexibles. En una ocasión me ocurrió que tuve que asistir a un evento importante en un miércoles. Simplemente no estudié ese día y luego el domingo de esa semana recuperé la labor del miércoles.

Aprovecho también este apartado para hablar de las horas de sueño. Supongo que la cantidad de horas que necesita dormir uno es variable dependiendo de la persona. Simplemente asegúrate de que duermes lo suficiente para tener fuerzas a la hora de estudiar y rendir al máximo. Y si algún día tienes que dormir más porque estas cansado, hazlo. No tiene sentido estudiar sin aprovechamiento porque estas rendido. A eso se le llama perder el tiempo. Una retirada a tiempo es una victoria. Si lo que necesitas es descansar para después rendir adecuadamente, irte a dormir es tu mejor inversión en ese momento. No tengas miedo ni te sientas mal al hacerlo.  

En mi caso, dormía de 00:00 a 7,30 a.m. y de 2,30 p.m. a 3 p.m. (siesta). Respeté a rajatabla estas horas de sueño a lo largo de toda la preparación. No dormí menos de este tiempo. Si algún día estaba más cansado pues dormía más, pero menos, jamás. Admito que soy muy dormilón. Si alguien necesita dormir menos y puede aprovechar esa ventaja para trabajar más horas adelante, eso que se lleva.

Peligros a evitar durante la segunda vuelta

Son muy similares a los de primera vuelta, aunque a veces se manifiestan de forma distinta. Como ya hablé de ellos anteriormente, seré algo esquemático.

  • No tomarse en serio la preparación: es un error muy frecuente en los opositores, sobre todo a principios de la segunda vuelta. Se suman dos factores. Por un lado, el verano, con su buen tiempo, las múltiples ofertas de ocio y demás tentaciones para hacer cualquier cosa menos estudiar.  Por otro lado, la sensación de “que queda mucho para el MIR”, y que “no pasa nada por no estudiar, ya apretarás más adelante”. Esto es rematadamente falso. Como veremos más adelante, conforme se acerca el examen el estudio es cada vez menos rentable y además es en estas fases finales cuando todo el mundo estudia, por lo que con tu trabajo no marcarás ninguna diferencia. Estos primeros compases de la preparación son precisamente los más importantes porque habrá muchos opositores que no hagan sus deberes y a los que estarás adelantando con cada hora aprovechada. Recordemos, cada hora “de remo” (metáfora de trabajo rutinario), significa aumentar nuestras posibilidades de conseguir nuestro objetivo en el MIR. Significa estas más cerca de la meta. No nos dejemos llevar por la sensación de que queda mucho para el examen y que por lo tanto tu estudio es ineficaz. Aunque silenciosos e invisibles a la vista, lo más importante de un edificio son sus cimientos. Por ello, hay que construirlos con calma y sin apuros. Hay gente que cuando se da cuenta de esto ya es tarde. Han pasado el verano flojeando y en septiembre, al percatarse de su fallo, empiezan aprisa a construir un intento de edificio. Pero, aunque tuvieran el tiempo necesario, que no lo tienen, el examen está cerca y eso hace que estén nerviosos y deprimidos por la sensación de inseguridad y de que “deberían haber aprovechado más durante el verano”. Es una situación realmente complicada, en la que se requiere mucho esfuerzo para salvar los muebles. Por eso, mi recomendación es evitar en lo posible que nos pille el toro de esta manera. Mejor prevenir que curar. En cambio, aquel que como hormiguita fue recopilando horas y horas de trabajo, posee unos cimientos potentes para ir avanzando más y más deprisa. Además, tiene la calma y la seguridad que solo otorgan el trabajo bien hecho (“el por mí que no quede”). Por ello, a pesar de la cercanía del examen, se mantienen optimistas y confiados porque parten de una buena posición. En realidad, la estabilidad psicológica necesaria durante los meses previos al examen se gana en la segunda vuelta. Y esto significa cientos de puestos en el MIR.
  • Realizar mal la preparación: hay miles de formas de equivocarte en la preparación, pero la mayoría de ellas confluyen en no seguir las instrucciones de tu academia. Fallos frecuentes son: estudiar Medicina y no Miricina, estudiar demasiado del manual y no practicar con preguntas, no trabajar intensamente los desgloses (preguntas MIR de otros años), memorizar demasiado en vez de intentar entender, no realizar esquemas o resúmenes para futuras vueltas, no respetar los descansos, los domingos o las horas de sueño, no realizar o hacer mal los simulacros, no corregirlos o corregirlos mal (explicado en la primera vuelta), dejarte llevar por tus emociones negativas: tristeza, ansiedad..etc.

Conclusión

Con este párrafo doy por terminada la parte más larga de la preparación del MIR y también de este ensayo. Quisiera finalizar dando unas pinceladas de como viví esta segunda vuelta en primera persona. En el aspecto emocional, tengo que decir que para mí hubo dos etapas claramente diferentes.

Por un lado, estuvo la fase que se extendió desde verano hasta octubre, aproximadamente. Duranta este tiempo todo se desarrolló de forma muy tranquila y rutinaria. Realmente uno no tenía la sensación de estar estudiando el MIR, ni de “estar en la guerra”. Era la calma que precedía a la tempestad. Por ello, a veces costaba motivarse para aprovechar todo el día. Uno veía las cosas todavía muy lejos y no tenía la sensación de que lo que estaba haciendo iba a servirle de mucho. Ese es precisamente el peligro de esta fase, pues la realidad es justo lo contrario. En esta fase es cuando realmente se siembra el éxito en el MIR. Aunque no veas el impacto de tu esfuerzo, tienes que convencerte de que cada hora cuenta y de que no hay tiempo que perder. Yo intentaba tenerlo en cuenta para mantenerme lo más constante posible. A posteriori, una vez hecho el examen, me doy cuenta de que en estos meses fue cuando me gané el éxito en el MIR.

Por otro lado, la fase que abarca desde octubre hasta finales de noviembre. Esta es la etapa en la que empieza a notarse el estrés y en la que uno empieza a ser consciente de la que se viene encima. Para mi hubo un punto de inflexión, que es cuando salió la relación definitiva de admitidos al examen (aprovecho para decir que todas las academias te guían a lo largo del papeleo que hay que hacer para presentarse al MIR, asique no te preocupes por esto). Cuando llega este momento, experimentas una especie de cambio de chip. Es justo entonces cuando, oficialmente, ya estás “dentro”. Y de repente, como por arte de magia, todo adquiere más importancia y más sensación de inminencia. Justo aquí es cuando empiezan las emociones a tomar parte de la preparación. Recuerdo especialmente la primera noche que dormí mal, que fue por esta época. Suelo dormir regular, pero esta ocasión dormí realmente mal. Me desperté varias veces por la noche. Aunque quizás no me sentía estresado, mi cuerpo probablemente se estaba preparando para lo que venía.  

Asimismo, hay que señalar otro aspecto de importancia. A partir del simulacro 17, CTO se empeñó en poner simulacros durísimos. Eran simulacros largos, llenos de trampas y repletos de preguntas e imágenes imposibles de acertar. Quería hacernos sufrir para acostumbrarnos a lo que pasaría el día del MIR. Estudiar tanto para después ver que no sabías apenas ninguna pregunta era muy poco gratificante y entrañaba no poco riesgo. Numerosos compañeros se desanimaron ante la ausencia del refuerzo positivo consistente en estudiar y ver que empiezas a acertar más preguntas gracias a tu esfuerzo.

Yo, con mi estrategia del “por mí no quede” me mantuve bastante indiferente. Sabía que había hecho mi trabajo y que si no acertaba más preguntas no era mi problema. Además, realmente no estaba interesado en acertar más preguntas, ni siquiera en quedar mejor que los demás (esto es, subir de percentil). Mi obsesión era subir de percentil respecto a mis anteriores marcas. Solo me comparaba conmigo mismo. Esto me permitió estar muy motivado y mantenerme constante la mayor parte del tiempo, y eso se reflejó en una subida leve pero constante de percentil.

Sin embargo, en general fue una etapa mucho más llevadera que la tercera y cuarta vuelta, puesto que estaba menos cansado y menos influido por la perspectiva de la batalla final. En la tercera y en la cuarta vuelta, la guerra se recrudece y la psicología toma el mando. Es la época de recoger lo sembrado y de perfeccionarte en el arte del MIR en el que llevas meses curtiéndote. ¿Preparado? Pues vamos a ello.

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Esta serie continua en el CAPÍTULO IV: que viene el MIR!

Otros capítulos de esta serie:

Capítulo I: Todo lo que debes saber del MIR

Capítulo II: Empieza la preparación

Capítulo V: el día del MIR y el final