Hola! Este es el capítulo I de los cinco capítulos de la serie Revienta el MIR! Te dejo aquí un pequeño índice para que te dirijas al que mas te interese. 

  • Capítulo I: donde introduzco el MIR y explico sus características principales. Esta parte va dirigida sobre todo a aquellos que desconocen por completo o tienen una idea muy básica del MIR. Es el conocimiento base que hay que tener para entender el resto del ensayo. Si ya tienes este conocimiento, puedes empezar directamente en el capítulo II.
  • Capítulo II: a partir de este capítulo hablo de la preparación y realización del examen MIR de un modo práctico. Esto significa que ofrezco diversas opiniones, trucos, consejos, estrategias y tácticas para ayudar al lector a tener el mayor éxito posible. En este capítulo me centro concretamente de las academias y los inicios de la preparación.
  • Capitulo III: en este capítulo abordo la fase más larga e importante de la preparación, que aborda desde el verano hasta noviembre aproximadamente. Es el grueso del ensayo.
  • Capítulo IV: donde hablo del último periodo de preparación hasta justo el día del examen. Hago mucho hincapié en la intensidad psicológica de estas semanas.
  • Capítulo V y epílogo: donde relato el día del MIR, doy unas pinceladas de la etapa del postmir.

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El MIR. Si eres médico en España seguro que esta palabra no te resulta indiferente. Es algo de lo que escuchamos hablar desde que entramos en el grado de Medicina, o puede que incluso antes de empezar nuestra etapa universitaria. Ciertamente, al principio no sabemos mucho de el. Ni siquiera conocemos sus detalles más precisos. Sin embargo, a medida que pasan los años, se convierte en una realidad que va ganando presencia en nuestras vidas hasta que se convierte en esas tres letras que tanto impacto tienen en nuestra vida profesional.

Y es precisamente este impacto por qué la palabra MIR suscita tantas emociones y tanto revuelo en los médicos españoles. Gracias a él, algunos podrán cumplir su sueño formándose en la especialidad para la que llevan preparándose años. Y, para bien o para mal, por culpa suya, otros se quedarán sin poder hacer aquello que deseaban en un primer momento.

Hablando de mí mismo, lo cierto es que he vivido una experiencia increíble con el examen MIR. Estas vivencias son las que me han inspirado para escribir este ensayo. De alguna manera, creo que he sido afortunado y he recibido mucho para llegar a donde he llegado. Y siento que, una vez he dejado esta etapa atrás, me toca a mí devolver lo recibido. Es mi turno de aportar mi granito de arena a futuros médicos y compañeros para que logren cumplir sus objetivos tal y como yo lo he hecho.

Y es que, pese a que me considero alguien optimista, ni en mis mejores sueños imaginé hacer el examen MIR número 14, y quedar el número 23 de la lista final. La probabilidad de que alguien con mi expediente académico quedara siquiera entre los 100 primeros era del 2,4% (según datos de MIR Asturias). Para mí esto era una hazaña exclusivamente al alcance de personas a las que yo idolatraba, pero que jamás osaría llegar a pensar en igualar o incluso superar. Y digo idolatraba porque una vez recorrido el camino, puedo decir que no es para tanto.

Quizás te sorprendas al leer estas palabras. Puede que te hayas cabreado, reído o incluso me hayas insultado. Lo comprendo perfectamente, ya que yo hubiera hecho lo mismo hace unos meses. Sin embargo, ahora que he degustado cierto éxito en el MIR, y, analizando cuidadosamente mi experiencia, estoy absolutamente convencido de que incluso las personas más corrientes y molientes pueden hacer un MIR espectacular. Sin que ello signifique que son fueras de serie o que juegan en otra liga a la que no podemos aspirar los demás. A posteriori, mantengo mi respeto e incluso mi amistad con algunas de estas personas que hicieron MIRes tan geniales, pero ya no las idealizo tanto.   

Sin más dilación pasaré a explicar por qué pienso que todo aspirante al MIR (incluido tu, lector, si eres uno de ellos) puede cumplir el objetivo que se proponga en el examen. Quiero exponerte mi razonamiento en estas primeras páginas ya que, si no logro convencerte, podrás dejar de leer este ensayo sin haber perdido tu tiempo leyendo el resto de las páginas. Es el gran secreto del MIR.

El gran secreto del MIR. 

El MIR, al fin y al cabo, es un examen. En un examen los factores que pueden influir para hacer que unas personas u otras tengan significativamente más o menos posibilidades de tener éxito son de dos tipos:

  • No controlables: el tipo de examen, los recursos disponibles para prepararse al mismo y la inteligencia.
  • Controlables: nuestro trabajo.

La realidad es que en el MIR las diferencias en lo que a factores no controlables se refiere no importan una mierda. Os cuento por qué:

  • El tipo de examen: el MIR es un único examen igual para todos los aspirantes que se presentan cada año. Los exámenes que hacen todos los opositores tienen absolutamente las mismas preguntas, y no hay algunos más fáciles o más difíciles. Todos los que se presentan juegan el mismo partido. Por tanto, no hay diferencias en este sentido.
  • La preparación al examen: hoy por hoy, la preparación al MIR se lleva a cabo fundamentalmente mediante tres academias que aglutinan a la gran mayoría de los opositores. Las tres ofrecen una preparación excelente, y no existen apenas diferencias entre ellas. En el MIR no existen aspirantes que tengan más posibilidades que otros porque tengan mejores apuntes o las preguntas de años anteriores como pasaba en la Universidad. Todos se preparan prácticamente igual, por lo que tampoco existen diferencias a este respecto.
  • La inteligencia: la inteligencia se distribuye de forma gaussiana entre las personas. De esta manera, podemos decir que existen escasas personas con una inteligencia muy baja, una mayoría de personas que se sitúa cercana a la media y una minoría de personas extremadamente inteligentes. Si te planteas presentarte el MIR significa que eres médico. Significa que has podido acceder a la Universidad y sacarte el Grado de Medicina. Este filtro es imposible de pasar por alguien que esté en el sector de las personas menos inteligentes de la curva. Si has llegado hasta este punto, significa que como mínimo estas en la mitad de la curva. Por otro lado, las personas extremadamente inteligentes son tan escasas que, aunque existan y algunas de ellas hagan el MIR, no tienen gran impacto en el total de aspirantes. Eso quiere decir que tanto tú, como yo y como la gran mayoría de los que hemos hecho o haremos el MIR estamos en la zona media de la curva. Repito, la inmensa mayoría estamos en la zona media de la curva de Gauss. Y eso quiere decir que tampoco hay diferencias significativas en cuanto a inteligencia entre los aspirantes que se presentan al MIR.

Así es como queda demostrado que no hay diferencias importantes en ninguno de estos factores entre los que se presentan al MIR. Por tanto, por descarte, podemos deducir que lo que genera las diferencias realmente significativas es el último y cuarto factor. Exacto, tu trabajo. Y buenas noticias: está bajo tu control.

En efecto, yo he afirmado que el éxito en el MIR está al alcance de todos, pero no he dicho que pueda conseguirse sin esfuerzo. Hay que trabajar mucho, muy duramente y a veces en condiciones de máxima dificultad. Y no me refiero solo a leer Medicina, sino también a hacer el esfuerzo mental de conocernos a nosotros mismos (que fortalezas y debilidades tenemos), de aprender de nuestros errores y mejorar, y de, en fin, trabajar por hacer las cosas cada vez mejor. Esto son cosas que solo dependen de nosotros y son las que finalmente generan las abismales diferencias que vemos entre los resultados de unas personas y otras.

Es una suerte inmensa que justo lo que nos hace tener éxito en el MIR este bajo nuestro control. Precisamente por eso, mi objetivo en este ensayo es ayudarte a potenciar al máximo esta capacidad tuya que tienes para alcanza el éxito en el MIR.

Si tú también crees que tu destino está en tus manos, te animo a seguir leyendo y a descubrir cómo sacar el máximo rendimiento a tu preparación y aumentar tus posibilidades de cumplir tus sueños como médico. ¿Preparado? Pues vamos a ello.

Capítulo I: Todo lo que debes saber del MIR

El origen de todo. La objetividad del examen MIR. La composición del examen MIR.  Expediente académico vs Examen MIR. La forma del examen MIR. El contenido del examen MIR. La competitividad trasforma el MIR. El origen de la competitividad. Conclusión. Anexo I.  

El origen de todo

Para entender como surge el examen MIR hay que ponerse en la piel del ministerio de Sanidad de España. Imagínate que fueras el ministerio de Sanidad de España y tuvieras 7.512 plazas de especialista disponibles, pero hubiera 14,195 médicos que las quisieran. Puf, no hay plazas para todos. ¿Quiénes cogen plaza y quienes se quedan sin nada? Pues este es el problema que afronta cada año la gente del ministerio de Sanidad. Ellos hacen el siguiente razonamiento para intentar llegar a una solución:

“Como en cualquier selección de personal de cualquier trabajo, habrá que seleccionar a los mejores candidatos ¿no? ¿Y cómo valoramos quien es el mejor candidato para ser médico especialista? Lo cierto es que se podrían valorar varios aspectos, pero lo fundamental es que sepa de Medicina, porque es una plaza para ejercer de médico. Vale, queremos a los que más Medicina sepan. ¿Y cómo evaluamos cuanto sabe uno de Medicina? Pues debemos usar un método lo más objetivo, sensible, justo y representativo posible para cuantificar el conocimiento de cada uno, por ejemplo, exámenes.”

“De acuerdo, usemos los exámenes. Para cada aspirante a plaza vamos a coger, por un lado, sus resultados en los exámenes durante la universidad (representados por el expediente académico). A esto añadiremos el resultado de un examen que pongamos nosotros, para asegurarnos de coger los mejores aspirantes según nuestros propios criterios (el examen MIR). Juntando estos dos datos, obtenemos una puntuación para cada aspirante.”

“A continuación simplemente tenemos que ordenar las puntuaciones de todos los que se han presentado de mayor a menor.  El número 1 es la persona con la puntuación más alta y, por tanto, el que más Medicina sabe. El empieza cogiendo plaza. Después elije su plaza el número 2. A continuación, el número 3, y así sucesivamente hasta que se acaben las plazas disponibles. Problema resuelto, somos el Ministerio, somos geniales”

 

Una vez vista la lógica aplastante que emplea el Ministerio de Sanidad, rápidamente extraemos una idea clave. Para un aspirante a una plaza, lo importante es el número que tenga. Cuanto más alto esté en la lista menos plazas se habrán escogido y más opciones tendrá donde elegir. El Número 1 puede escoger la que más le guste entre todas las plazas de España. En cambio, cuando sea el turno del Número 3,000, ya habrá 2,999 plazas que se han escogido por delante suya a las que no podrá optar.

Como hemos mencionado, el número de un aspirante depende de en qué lugar se encuentre su puntuación con respecto a la de los otros opositores. Por tanto, toca matizar un poco más la cuestión de la puntuación, puesto que, aunque ya hemos visto que surge de dos componentes (expediente académico y examen MIR), cada uno contribuye de distinta forma. El expediente académico representa el 10%, mientras que el examen MIR constituye el 90% restante. Como se puede apreciar, el MIR es definitivamente mucho más relevante.

Además, no olvidemos que para tener en cuenta estos dos componentes, uno tiene que tener el grado de Medicina en posesión (lo que quiere decir que como mínimo tienes un aprobado en todas las asignaturas de la carrera) y tiene que haber superado la nota de corte del examen MIR (que sería el equivalente al “aprobado” del examen).

Si te interesa conocer en detalle los (muy aburridos) cálculos matemáticos que se hacen para calcular la puntuación total de un opositor, consulta el Anexo 1.

Después de esta pequeña introducción toca reflexionar sobre lo que ya sabemos de cómo se llega a coger plaza de residente en España, es decir, la solución que da el ministerio a su problema. Como veremos, es una solución buena, pero no es perfecta. Algunos, sobre todo si conocéis los sistemas de otros países, os habrá sorprendido el sistema español por varias razones. A mí me parecen llamativos dos aspectos en concreto: su objetividad y su composición.

Objetividad del examen MIR

El MIR es un proceso bastante objetivo ya que no existe contacto previo a la elección de plaza entre los aspirantes y la mayoría de los hospitales, como podría ser una entrevista o algo similar (excepto en pocas excepciones como la Clínica Universidad de Navarra y otras entidades privadas). Esto me parece un punto muy positivo ya que hace que apenas exista la posibilidad de que intervengan subjetividades, enchufe o favoritismos en el proceso de selección.

En efecto, los hospitales no pueden elegir a sus residentes, sino que son los aspirantes los que eligen donde realizar su residencia. Y como hemos visto, cada aspirante escoge exclusivamente en función de su número. Cuanto más haya estudiado y más se haya esforzado uno, más medicina sabe, y mejor puntuación y número tendrá. En otras palabras, premio al esfuerzo y al mérito. Objetividad y justicia. No importa quién eres, de donde eres o como te llamas. Lo que cuenta es lo que has trabajado y lo que sabes.

A este respecto hay que señalar, y lo repetiremos varias veces a lo largo del ensayo, que somos conscientes de que el examen no es una herramienta perfecta para valorar el conocimiento de un aspirante. Existen numerosos factores distorsionadores que pueden alterar el resultado de una prueba, tanto a la baja como al alza (como la suerte y la técnica tipo test) que discutiremos más adelante. Sin embargo, pese a estos inconvenientes, opino que sigue siendo la mejor manera de realizar esta selección.

Asimismo, algunos arguyen (acertadamente) que sería conveniente realizar una entrevista para asegurarse de que cada aspirante cumple ciertos requisitos psicotécnicos para ejercer de médico. Efectivamente obtener buenas calificaciones no equivale a que estas capacitado para ejercer la medicina. Puedes encontrarte a un psicópata que tenga una gran puntuación, pero sin embargo posea una nula capacidad de trabajo como médico por razones muy diversas. Estoy de acuerdo en que se podría estudiar esta opción, pero con mucha prudencia y con vista a que fuera una entrevista muy cuidadosa, anónima, y nunca hecha por los propios servicios que acogen residentes, ya que se podría usar esta entrevista de forma fraudulenta para excluir o aceptar aspirantes de forma injusta y arbitraria.

Composición del examen MIR

En el cómputo de la puntuación total, se le da mucha importancia al examen MIR, poca importancia al Grado universitario y ninguna importancia a otros “extra”. Aunque es una cuestión opinable, a mí también me parece un planteamiento conveniente. Me explico:

Hemos dicho que el ministerio quería saber cuánto sabe un aspirante de Medicina porque su trabajo va a ser sobre todo la asistencia clínica. Por eso no tiene en cuenta otras cosas que si bien pueden formar parte de la vida de un médico, como pueden ser la docencia y la investigación, no dejan de ser cosas extras. Un médico ejerce la Medicina, un investigador investiga y un profesor enseña. Si estamos ofertando una plaza de médico especialista, hay que valorar lo que sabe de Medicina. Si fuera una plaza de investigador o profesor pues sí que vería adecuado valorar otras cuestiones. Ojo que a mí personalmente me encanta la investigación y la docencia, pero hay que darle a Dios lo que es de Dios y a César lo que es del César. Cuando tu entres por la puerta de Urgencias quieres a alguien que sepa de Medicina, no de investigación.

Por otra parte, que el expediente del Grado en Medicina (el expediente académico) “solo” cuente un 10% me parece también correcto. Incluso diría más, si por mi fuera, el expediente universitario no contaría para nada. Si acaso, exigiría únicamente como requisito el tener aprobado el Grado en Medicina para presentarte al MIR, pero nada más. Digo esto por varias razones.

La primera es que el expediente académico puede generar una desigualdad injusta entre los aspirantes. La manera de evaluar de las diferentes universidades no ya de España, sino también de otros países es muy distinta. Mientras que en algunas te pasan la mano y lo tienes fácil para obtener calificaciones muy altas, en otras tienes que sudar la gota gorda para obtener unas calificaciones mediocres. Esto podría llegar a causar bastantes injusticias. Por ejemplo, si se diera el caso de la existencia de aspirantes que tuvieran calificaciones en su expediente significativamente superiores a las de sus competidores, simplemente porque su universidad era demasiado clemente a la hora de corregir, no porque supieran más Medicina. En cambio, el MIR es el mismo examen para todos y se evalúa de la misma manera para todos por lo que no hay desigualdades de este tipo.

La segunda razón es que el expediente académico solo habla de lo que sabías de Medicina en el pasado, cuando estudiaste en la Universidad. Lo importantes es lo que sepas ahora. Y eso es lo que evalúa el examen MIR que se celebra cada año, tu conocimiento actual que es el que vale. ¿A quién preferimos que nos atienda en la puerta de Urgencias, a uno que tiene un 9 de expediente, pero que después de acabar el Grado en Medicina se ha tirado 40 años trabajando de peluquero sin estudiar ni ejercer nada de Medicina, o a uno que tiene un 6 de expediente pero que acaba de hacer un examen MIR que está entre los 10 mejores de los que se han presentado? Este pequeño ejemplo sirve para demostrar que realmente el expediente universitario solo es una medida del pasado, sin gran valor para el objetivo final, que es saber cuánto sabe uno de Medicina en la actualidad.

Además, con el MIR el Ministerio no solo detecta quien sabe de Medicina en ese mismo momento, sino que, al controlar los temas que entran en el examen, puede evaluar a los opositores de forma muy específica acerca de áreas del saber médico que ellos consideren más importantes y decisivas. Puede decidir, como en el MIR de 2019, introducir más preguntas de Geriatría por la relevancia en auge de esta especialidad. Y esto de un año a otro cambia, lo cual también habla de la flexibilidad que tiene el Ministerio para innovar en este sentido. Otro ejemplo muy conocido es su afición por preguntar la epidemia o pandemia de moda según el año como puede ser el dengue o la listeria. La universidad es mucho más rígida en este sentido y mi experiencia es que necesitan años para cambiar sus planes de estudio. ¿Cuántas universidades conocéis que de un año para otro tripliquen la importancia de una asignatura (por ejemplo, en créditos) y dividan por tres la importancia de otra? Pues esto es precisamente lo que pasa con frecuencia en el MIR, sin ir más lejos en MIR de 2019, con las asignaturas de Geriatría y Pediatría respectivamente.

En relación al controvertido punto de si se valora o como se valora el expediente académico debemos señalar que existe una tendencia a lo largo de los años, una tendencia muy positiva en mi opinión, a disminuir su peso y a evaluarlo de forma cada vez más justa. De hecho, este año ha habido una modificación sustancial en relación a como se evalúa el expediente académico que paso a explicar:

Anteriormente se valoraba el expediente académico de forma ponderada de manera que cada asignatura del grado se valoraba de la siguiente manera: si tenías un aprobado (5,0-6,9) equivalía a un 1, si tenías un notable (7,0-8,9) equivalía a un 2, si tenías un sobresaliente (9,0) equivalía a un 3 y si tenías matrícula de honor equivalía a un 4. Así se ponderaban todas las asignaturas de la carrera y así entraban en el cómputo de la puntuación total. La injusticia salta a la vista. ¿Cómo es posible que se valore lo mismo un 7 que un 8,9 cuando hay casi 2 puntos de diferencia? ¿Cómo es posible que se diera la situación en la misma clase de que un 9 fuera sobresaliente y por tanto valiera 3 puntos y un 9,1 por ser matrícula de honor ya valiera 4 puntos?

Afortunadamente esto en el MIR de 2019 cambió y lo que empezó a valorarse fue la media del expediente tal cual, de forma directa. Un 7,1 es un 7,1 y un 8,9 es un 8,9. Es una valoración mucho más equilibrada y justa en mi opinión, aunque existen personas que la critican. 

Dejando el tema del expediente académico de lado, quiero acabar este apartado acerca de las puntuaciones hablando de la gran importancia que se le da el examen MIR en la puntuación total. Algunos critican el hecho de que tenga tanto peso. Critican que puede ocurrir que tu calificación en el examen no refleje exactamente lo que realmente sabes de Medicina, dado a los factores distorsionadores que hemos mencionado anteriormente. Y al tener tanto peso las consecuencias de cualquier mínima distorsión son muy grandes.  

Por ello, algunos han especulado que el examen MIR sería más representativo si en vez de un solo examen, se hicieran varios exámenes. Por ejemplo 4 exámenes en 4 semanas, uno por semana y después se hiciera una valoración global. Estoy de acuerdo en que quizás es la mejor solución y la más equilibrada. ¿Pero, es realmente factible? A mí, en la actualidad, me parece poco realista. En primer lugar, desde el punto de vista del Ministerio de Sanidad, debido al titánico esfuerzo logístico que supone. En segundo lugar, desde la óptica de los opositores ya que, si hacer un solo examen MIR ya es extenuante, no imagino como sería realizar varios en un corto espacio de tiempo. Aunque supongo que a todo se acostumbra uno.

En conclusión, me da la impresión de que, como en muchos otros aspectos de la vida, lo mejor es enemigo de lo bueno. El MIR probablemente sea uno de los numerosos pactos entre la utopía y pragmatismo que encontramos en nuestro entorno. En mi opinión lo más sensato es que, siendo conscientes de la enorme importancia que tiene el MIR, actuemos en consecuencia para prepararlo lo mejor posible. No poner problemas, sino soluciones. Más sobre ello en la segunda parte del ensayo.

Expediente académico vs examen MIR

Hemos realizado una necesaria introducción sobre cómo se accede a la especialidad y el problema que supone cada año el Ministerio de Sanidad. A su vez, también hemos visto la solución que ofrece este organismo: detectar a los mejores a través de sus puntuaciones en la universidad (10%) y en el examen MIR (90%).

Como se puede observar, la diferencia del impacto en tu puntuación final entre estos dos factores es brutal. Si introducimos la constante de tiempo, esta diferencia queda aún más patente . Dividamos el 10% que supone el expediente académico entre los seis años del Grado en Medicina y nos sale a 0,027 por día (10% entre 365x6). Dividamos el 90% que representa el peso del examen MIR entre la preparación estándar del MIR, contando desde que uno empieza el último curso del Grado, septiembre, hasta 1 año y 4 meses después, febrero, y nos sale 0,185 (90% entre 365+30x4). Es decir, cada día de tu preparación MIR es 6,85 veces (0,185 entre 0,027) más importante que un día de tu etapa universitaria en cuanto a la puntuación se refiere.

Por si fuera poco, podemos seguir comparando ambos aspectos haciéndonos la siguiente pregunta: ¿a cuántos puntos de media de expediente académico equivale una pregunta neta en el MIR? La respuesta es sobrecogedora: 1 punto de media de expediente académico equivale a 1,67 netas. Es decir, si tú tienes un 7,5 de expediente, basta con tener 2 netas más que alguien con un 8,5 de expediente para superarle.

De aquí se extraen varias conclusiones:

  • Para tener un buen número, que te permita escoger entre un abanico relativamente amplio de especialidades y hospitales de España, tienes que hacer un buen MIR, inexcusablemente, aunque tengas un expediente con una media de 9.
  • De manera análoga, el hecho de que tengas un expediente malo o mediocre de la universidad no te incapacita para tener un buen número. En el MIR puedes darle la vuelta a la situación perfectamente (además pasa con mucha frecuencia).
  • Si tuviera que elegir en cuál de las dos etapas aplicar toda mi energía y mi esfuerzo sería en el MIR. De hecho, creo que, en la etapa universitaria, al menos desde la óptica MIR, es recomendable darles la importancia justa a las calificaciones y aprovechar para crecer en otros aspectos de la formación de uno como persona y por supuesto como médico. No quiero decir que pases absolutamente de los exámenes de la carrera. Hay que aprobarlos con la mejor nota posible. Quiero decir que, desde el punto de vista del impacto en tu vida, si sigues el camino MIR, creo que es muy recomendable aprovechar las oportunidades para experiencias de todo tipo que se te ofrecen cuando estas en la universidad, aunque sea a costa de no sacar 9 y 10 en todas las asignaturas. El patrón de vida clase-biblioteca 24/7 sin salirte del esquema, es un error que cometen muchos universitarios. Ese momento de estudio intensivo llegará, cuando te presentes al MIR. En el MIR es donde tendrás que darlo todo.


Aunque hemos visto que da pie a no pocos comentarios y reflexiones, no quisiera profundizar demasiado en el tema de la universidad, o al menos no en esta ocasión. En este ensayo lo que de verdad me interesa es el propio examen MIR y todo lo que le rodea, especialmente la preparación al mismo. Esto se debe no solo a su gran relevancia sino porque personalmente me resulta la parte más interesante y más divertida. Pero, para hablar del MIR, hay que conocerlo previamente, así que en primer lugar vamos a hablar en detalle de sus principales características.

La forma del examen MIR

Cuando hablamos de forma nos referimos a “como” es el examen: qué tipo de examen es, cuantas preguntas hay y como se evalúan estas preguntas. Como veremos, son detalles que cambian a lo largo de los años.

Como examen tipo test que es, el MIR empezó con preguntas de 5 opciones, teniendo que escoger 1 opción en cada pregunta. Esto se mantuvo así hasta el MIR del año 2015/2016, en el que se recortó a 4 opciones por pregunta, teniendo que escoger 1 opción en cada pregunta, formato que se ha mantenido hasta el día de hoy.

En relación al número de preguntas, el MIR clásicamente constaba de 250 preguntas + 10 preguntas de reserva y duraba 5 horas. Así se mantuvo hasta el año del MIR 2009/2010, en el que se acortó a un examen de 225 preguntas + 10 preguntas de reserva, con una duración de 5 horas. Este año, el MIR 2019/2020, ha constado de 175 preguntas + 10 preguntas de reserva con una duración total de 4 horas.

En referencia a la evaluación, como se detalla en el Anexo 1, cada pregunta contestada correctamente suma 3 puntos mientras que cada pregunta contestada de forma incorrecta resta 1 punto. Las preguntas no contestadas ni suman ni restan. La puntuación neta de cada examen, por tanto, saldría del cómputo entre aciertos, fallos y preguntas no contestadas. Esto es algo que no ha cambiado a lo largo de los tiempos.

El contenido del examen MIR

Si bien con forma nos referimos a “como” es el examen, con contenido nos referimos a “que” es el examen. Es decir, ¿qué se pregunta en el MIR? La respuesta es desgarradoramente simple: todo lo que tenga que ver con la palabra “Medicina” (en su infinitud) es susceptible de ser preguntado.

Así es, realmente no existe un temario específico a estudiar para el MIR. O al menos el Ministerio no elabora ningún tipo de documento donde lo especifique. Ante esta situación, con el objetivo de facilitar el estudio, las academias (y por tanto los opositores) compartimentan de manera artificial el saber médico en las distintas especialidades más conocidas.1

1Estas especialidades generalmente son: cardiología y cirugía cardiovascular, cirugía general, dermatología, digestivo, endocrinología y nutrición, estadística y epidemiología, genética, geriatría, ginecología y obstetricia, hematología, infecciosas y microbiología, inmunología, nefrología, neumología y cirugía torácica, neurología y neurocirugía, oftalmología, oncología, otorrinolaringología, pediatría, psiquiatría, reumatología, traumatología, urgencias y urología. El resto de temáticas como anatomía, fisiología, farmacología, anatomía patológica, anestesia, bioética, medicina de familia, medicina preventiva y demás áreas de la Medicina no mencionadas se ubican en un cajón de sastre denominado miscelánea.

A pesar de esta aparente inespecificidad e incertidumbre, en realidad el Ministerio no ponía las cosas demasiado difíciles hasta hace unos años. Anteriormente, había algunos temas estrella que se repetían constantemente y formaban el grueso del examen de forma reiterada de un año para otro. De esta manera, el abanico de temas que se preguntaban era bastante predecible y se podía realizar un estudio bastante acotado.

Sin embargo, en los últimos años esto ha cambiado. En las últimas ediciones del MIR han empezado no solo a caer un número importante de preguntas de temáticas nuevas (como medicina forense y cirugía plástica), sino que también se están preguntando aspectos raros y novedosos dentro de clásicos temas estrella, como por ejemplo preguntas más exóticas de la cuenta en el archiconocido VIH.

La evolución del MIR

Recapitulando, podemos definir el examen MIR como un examen tipo test de 175 preguntas + 10 preguntas de reserva, donde cada pregunta tiene 4 opciones entre las cuales hay que escoger una opción. Cada pregunta acertada suma tres puntos, cada pregunta fallada resta un punto y la pregunta no contestada ni suma ni resta. Las preguntas tratan de cualquier aspecto relacionado con el ámbito de la Medicina.

Debido a estas circunstancias, cada MIR que se ha celebrado ha sido diferente y único en su especie. Asimismo, la dificultad del examen también varía de un año para otro. Sin embargo, si analizamos la evolución del MIR en una escala de tiempo más amplia, por ejemplo, 5 años, podemos entrever dos patrones opuestos entre sí.

  • En cuanto al formato del examen, la dificultad tiende a disminuir con los años. Cada vez hay un menor número de preguntas y un menor número de opciones entre las que elegir, lo que hacen que la prueba sea más sencilla.
  • En cuanto al contenido del examen, la dificultad tiende a aumentar. Las preguntas que componen los exámenes de los últimos años son cada vez más difíciles, aleatorias, complejas, erráticas, raras, extrañas, impredecibles, exóticas y otros muchos adjetivos en la línea, menos amigables, que seguramente se nos vengan a la mente. Esto hace que la prueba sea menos sencilla.

En mi opinión, la segunda tendencia tiene más peso que la primera. Si de forma hipotética situáramos ambas en una resta, pienso que existiría un incremento neto de la dificultad del examen conforme pasan los años.  La pregunta que se hace uno a raíz de esta observación es: ¿por qué el Ministerio lo pone cada vez más difícil? ¿Acaso son unos sádicos desalmados que disfrutan del sufrimiento ajeno? No lo creo. Mi hipótesis, en la que algún lector seguramente ya esté pensando, es que se debe a la competitividad.  Vamos a explicar por qué.

 

La competitividad trasforma el MIR

Recordemos el problema inicial del Ministerio. Había pocas plazas, y muchos aspirantes. Querían coger los mejores de entre todos y para ello recurrían a exámenes, como método sensible, objetivo, justo y representativo. Si, podemos coincidir en que un examen puede ser un método de criba adecuado. Pero… ¿vale cualquier examen? La respuesta es que no. Solo un examen bien diseñado, con preguntas adecuadas, consigue una función discriminatoria óptima.  ¿Y cuáles son las preguntas adecuadas? Usaré la vía negativa para responder de forma más simple y clara a esta cuestión. Es decir, escribiré como son las preguntas inadecuadas y toda lo que quede fuera de estos criterios puede considerarse una pregunta bien diseñada. Estas “malas” preguntas son:

  • Una pregunta de extrema dificultad que fallaría hasta el más avezado especialista en la materia. Tanto si has estudiado como si no lo has hecho, vas a fallar la pregunta.

Cuando todos fallan independientemente de su trabajo y su conocimiento médico estamos ante una mala pregunta porque no cumple el objetivo principal de seleccionar al mejor. ¡No sabes quién sabe de Medicina y quien no sabe, porque la gran mayoría la ha fallado!

  • Una pregunta de extrema facilidad. Una pregunta que acierta hasta tu primo fontanero que, si bien es un crack en lo suyo, no sabe ni que es el bazo. En este caso, la acierta la gran mayoría de los opositores, hayan estudiado o no, porque es demasiado simple. De igual manera al caso anterior, no podemos discriminar quien sabe o quien no sabe Medicina, porque la ha acertado prácticamente todo el mundo.

Un examen repleto de estos dos tipos de preguntas no le serviría para nada al Ministerio ya que no permite saber quién es el mejor. La pregunta ideal, en cambio, sería aquella pregunta que la aciertan solo los que han estudiado y tienen un conocimiento óptimo de la Medicina. Es lo que se llama una pregunta “discriminativa”.

En mi opinión personal, el Ministerio teme más al segundo tipo de pregunta, la fácil, que al primero, la difícil. Y aquí enlazamos con el tema de la competitividad. La realidad es, que, por diversas razones, cada vez hay más gente que se presenta al MIR y, sobre todo, cada vez la gente está más preparada para acertar preguntas de la manera que sea. Que la gente este cada vez más preparada y sepa más Medicina es bueno para la sociedad, pero para una prueba donde quieres hacer una lista que discrimine unos de otros, la cosa se te complica. Sobre todo, si los opositores adquieren la habilidad de acertar preguntas sin conocer en absoluto lo que se les pregunta, como ocurre con frecuencia en el MIR. 

En efecto, el MIR se ha convertido en una prueba hiper competitiva. Y como suele ocurrir, la competitividad desnaturaliza las cosas. Hoy en día, el opositor medio tiene tal capacidad de acertar preguntas que, si se descuida el Ministerio y pone las cosas un pelín más fácil de la cuenta, se puede encontrar un apelotonamiento de gente con puntuaciones tan similares que le es imposible hacer la discriminación que tanto le gusta (¿Quién sabe más de Medicina?).

Por ello, en las últimas ediciones, se está pecando más por lo alto que por lo bajo en lo relativo al nivel de dificultad del examen. Y está funcionando. Como dice el refrán, mejor que sobre que no que falte. Cierto es que si el Ministerio se pasa de dificultad volveríamos a una situación indeseable, donde todo el mundo fallaría independientemente de lo que sepa de Medicina, pero en mi opinión aún no se ha dado el caso.

Además, existen muchas maneras de añadir dificultad al examen, no solo con preguntas más complicadas, sino también con otras artimañas. Por ejemplo, en vez de distribuir las preguntas en bloques como se ha hecho de forma clásica (primero todas las preguntas de cardiología juntas, después todas las de pediatría..etc.), se puede poner una pregunta de cada especialidad de forma aleatoria, es decir, no ordenadas por bloques, sino desordenadas. Esto es lo que se ha hecho por primera vez en el MIR de 2019.

Resumiendo, podemos decir que el incremento de la competitividad en el MIR dado al mayor número y a la mejor preparación de los opositores hace que la dificultad del examen sea cada vez mayor. ¿Pero porque existe esta competitividad? ¿Por qué hay cada vez más y mejores opositores?

El origen de la competitividad

En los últimos párrafos hemos venido introduciendo el concepto de la competitividad en el MIR de manera general.  Describiéndola algo más en detalle, lo cierto es que esta competitividad no se distribuye de forma uniforme sino de forma asimétrica. Mientras que existe una base de competitividad que subyace a todo número de la lista y a toda plaza, existe una zona, la zona de los 3,000 primeros números, en donde la competitividad adquiere su carácter más sangriento. Esto se debe a que generalmente en los 3,000 primeros números es donde se escogen las plazas de especialista más preciadas. Muy al contrario, alrededor de las últimas plazas que se escogen en último lugar todos los años, generalmente de Medicina Familiar y Comunitaria, la competitividad es mínima. Vamos a hablar de esto y de los demás factores que ocasionan el incremento de la competitividad. Estos factores son dos, el número de gente que se presenta al examen y la preparación de los mismos al MIR.

El incremento del número de aspirantes

Aunque el número de personas que se presentan al MIR es variable, la tónica de los últimos años es que se presentan el examen aproximadamente 15,000 aspirantes para un número de plazas de 7,500 más o menos. Es decir, que existe una ratio de 1 plaza por cada 2 aspirantes en el examen. Si uno observa este número a priori no parece una prueba excesivamente competitiva, pero si hacemos zoom en “determinadas” plazas la cosa cambia. Como hemos dicho la máxima competitividad está en torno a las plazas de especialista que se acaban en torno al número 3,000. La realidad es que la mayoría de la gente lucha por ellas, y por tanto ya nos situamos en una ratio de 1 plaza por cada 5 aspirantes. Finalmente, si nos vamos a las plazas más codiciadas como Cirugía plástica o Dermatología que se acabaron en el número 754 y 763 respectivamente en el año 2018, la ratio disminuye dramáticamente a una 1 plaza por cada 20 aspirantes.

Estos datos lógicamente cambian con el tiempo. Es cierto que con la jubilación masiva de muchos médicos de la generación boomer se espera un incremento general del número de plazas ofertadas, pero ojo, este incremento será sobre todo de las especialidades que presentan menos competitividad como puede ser Medicina Familiar y Comunitaria  donde la falta de médicos es más acuciante. En otras especialidades como Cardiología o Neurocirugía el incremento será mucho menor.

En cambio, lo que no deja de incrementarse con los años es el número de personas que se presentan al examen MIR. Esto se debe tres causas fundamentalmente:

  • Cada vez hay más facultades de Medicina y más egresados del grado en Medicina que buscan su plaza de especialista.
  • También está aumentando el número de especialistas que vuelven a hacer el MIR para hacer otra especialidad.
  • Asimismo, se está incrementando el número de personas de otros países, sobre todo de Hispanoamérica que vienen a España para formarse en una especialidad médica, vía MIR por supuesto.

Si analizamos todo en conjunto vemos como la asimetría en la competitividad se hará todavía más intensa. El aumento de aspirantes hará que exista mucha mayor competitividad en la zona de los 3,000 primeros números (donde se sitúan las plazas más codiciadas), mientras que el aumento masivo de plazas de Medicina Familiar y Comunitaria ocasionará una disminución de la competitividad alrededor de los últimos números y las plazas menos deseadas.

 

No voy a entrar en porqué unas plazas son más apetecibles para la gente que otras. Solo hablo de hechos, de cómo la gente “lucha” por algunas mientras que “se conforma” con otras. El interpretar si esto se debe a las condiciones laborales, al prestigio, a la vocación, al dinero, a una mezcla de todas estas razones o a cualquier otro motivo no mencionado, es una cuestión muy interesante que dejamos para otro momento.

La excelente preparación para el MIR de los opositores

Hace más de 40 años la gente terminaba la carrera de Medicina, se cogía sus tres o cuatro libros y sus apuntes y se ponía a estudiar. El día del examen la tasa de acierto era muy baja, por muy sencillas que nos parezcan sus preguntas al releerlas ahora. Esto se debía a una preparación mucho más pobre que la que tenemos ahora, en cuanto al entrenamiento y los recursos empleados. Todo esto cambió cuando empezaron a surgir las academias de preparación al MIR, que industrializaron el proceso de la preparación al examen.   

Aquí irrumpe por primera vez en este ensayo la cuestión de las academias de preparación al MIR.  Estas academias son un elemento importantísimo que tiene que conocer bien cualquier aspirante. En mi opinión, hoy en día uno apenas tiene posibilidad de hacer un buen papel sin preparase con una academia. Hablaremos de ellas extensamente más adelante. Baste por ahora con conocer la importancia que tienen y lo estupendamente que preparan a uno para el examen.

Como decimos, aunque existen diferencias entre las academias, la gran mayoría aportan una preparación extraordinaria para el examen, un entrenamiento que los primeros médicos que se presentaron al MIR ni siquiera podrían llegar a soñar. Manuales cuidadosamente diseñados, preguntas de todo tipo para entrenar, simulacros de examen, clases intensivas y un sinfín de cosas que convierten a los alumnos que siguen sus métodos en auténticos expertos en reventar el MIR.

Para los primeros que se apuntaron a academias, cuando poca gente lo hacía, seguro que fue una ventaja extraordinaria. Pero a medida que la gente se fue apuntando, ya todo el mundo empezaba a estar igualmente de genialmente preparado, y claro, el MIR se quedaba corto. El ministerio necesitaba seguir discriminando, asique subió la dificultad de las preguntas. Lógicamente las academias respondieron mejorando aún más la calidad de su preparación. Y así sucesivamente hasta el día de hoy. Esta es “la guerra fría” entre academias y Ministerio de Sanidad en la que nos vemos sumergidos en la actualidad.

 

En resumen, la fusión de estas dos circunstancias, es decir, el incesante incremento de opositores al examen y la cada vez mejor preparación, hace que la competitividad aumente. Para evitar el apelotonamiento y la no discriminación, y por ende el no poder seleccionar bien a los mejores aspirantes, el ministerio pone exámenes MIR con preguntas cada vez más variadas, difíciles, aleatorias e impredecibles.

Conclusión

Tras este primer acercamiento al MIR, podemos ir concluyendo el primer capítulo del ensayo. Hemos hablado de cómo se accede a la formación de médico especialista en España, también llamado hacer la residencia. Asimismo, hemos hablado de la famosa lista del ministerio, del no menos conocido número de orden, de las puntuaciones, del expediente académico y de la universidad. También hemos hablado del examen MIR, sus características y cómo ha evolucionado en el tiempo. Todo esto era necesario para atacar con una buena base el resto de este ensayo que creo que te será más interesante, sobre todo si vas a presentarte al examen: la cuestión de la preparación al MIR.

Anexo I: como se calcula el número del MIR

Veamos ahora un ejemplo de cómo se calcula la puntuación total de una persona, con los criterios actualizados a fecha del MIR más reciente, el MIR de 2019/2020.

Como hemos señalado antes, necesitamos la media del expediente académico de esa persona (10% del total) y su puntuación en el examen MIR (90%). Imaginemos a un aspirante ficticio, llamado Pango que se ha presentado al examen.

Expediente

Sigamos la secuencia para obtener el 10% del expediente.

  1. ¿Tiene Pango todas las asignaturas del Grado en Medicina aprobadas? Si. Muy bien, sigamos adelante.
  2. ¿Cuál es su media de expediente (con dos decimales)? 8,47. Genial, ahora hay que multiplicarla por el factor baremo. El factor baremo es la media aritmética de los diez mejores expedientes que hayan superado la nota de corte del examen. Por tanto, para calcular el factor baremo, se cogen las medias de los diez mejores expedientes que hayan superado la nota de corte y se divide entre 10. Imaginemos que el factor baremo es 1,028. Multiplicamos 8,47x1,028 y obtenemos 8,7113. Ya tenemos nuestro 10%.

Examen MIR

Sigamos la secuencia para obtener el 90% del examen MIR

  1. Calculamos el valor neto del examen: de 175 preguntas, Pango tiene 152 preguntas acertadas, 23 preguntas falladas y 0 preguntas no contestadas. Para calcular la puntuación neta del examen hay que tener en cuenta que cada pregunta contestada que se acierta se multiplica por 3 puntos y cada pregunta contestada que se falla resta un punto. Las preguntas no contestadas ni suman ni restan. Por tanto, la cuenta es (152x3) – 23= 433. 433 es la puntuación neta de su examen MIR.
  2. ¿Supera esta puntuación neta la nota de corte del examen? Para responder a esta pregunta lo primero que hay que saber es que es la nota de corte.

Esta nota es el 35% de la media aritmética de los 10 mejores exámenes. Es decir, se cogen las puntuaciones de los 10 mejores exámenes, y se dividen entre 10. Del número que se obtenga se calcula un 35%. El resultado es la nota de corte. Si la puntuación de una persona es inferior a la nota de corte, esa aspirante ha “suspendido” el MIR y se le elimina directamente, sin que llegue a participar de la lista final de números. Supongamos que la nota de corte en nuestro ejemplo es de 157,71. Como la puntuación neta del examen de Pango está por encima, 433, no queda eliminado y podemos seguir adelante en el proceso.

  1. Dividimos la puntuación neta del examen MIR por el factor examen, que de forma similar al factor baremo, es la media aritmética de los 10 mejores exámenes. Por tanto, para calcular el factor examen se cogen las puntuaciones de los 10 mejores exámenes y se divide entre 10. Imaginemos que el factor examen es 45,062. Dividimos 433 entre 45,062 y obtenemos 9,6089.
  2. Multiplicamos el anterior resultado por 9 para obtener el 90%: 86,4846. Ya tenemos nuestro 90%

Finalmente, sumamos 8,7113 (el 10%) y 86,4846 (el 90%) y obtenemos nuestra puntuación total final: 95,1959.

Si ordenamos de mayor a menor las puntuaciones totales de todas las personas que hayan superado la nota de corte del examen obtenemos la lista final de números. La mejor puntuación total es el número 1, la segunda mejor puntuación total es el número 2 y así sucesivamente hasta la peor puntuación que haya superado la nota de corte, que es el último número de todos. Y esta es la lista de números que hace el Ministerio todos los años. ¡Ahora a elegir!


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Esta serie continua en el CAPÍTULO II: EMPIEZA LA PREPARACIÓN

Otros capítulos de esta serie:

Capítulo III: Verano MIR

Capítulo IV: Que viene el MIR!

Capítulo V: el día del MIR y el final