Esta serie de artículos a las que he bautizado como “Aprender de finanzas desde cero” tiene actualmente los siguientes capítulos:

 

  1. Una tertulia inesperada. 
  2. Sobre la banca.
  3. La fiesta
  4. La fiesta española
  5. La eurocrisis

 

En construcción:

 

  1. La reforma del sistema bancario europeo.
  2. La corrupción y su coste.
  3. El sistema de oposiciones español y su coste.
  4. El coronavirus y su coste, el cambio de paradigma.
  5. Mirando al futuro.



El problema de tener una mente abierta es que la gente insiste en entrar dentro y poner allí sus cosas.

Terry Pratchett


En este capítulo, vamos a describir lo que ocurrió en Europa, enfocándonos en España, desde 2008 hasta 2019, habiendo descrito ya lo que ocurrió hasta 2008 en España y en EEUU en el anterior capítulo.

 

Los episodios de inflación en todo el globo, aislados en cada país en ciertos sectores concretos, se detuvieron cuando Lehman Brothers paró la música, dejando un agujero de unos 600 mil millones de dólares. Decir que la crisis fue por culpa de Lehman Brothers, es como decir que Roma se incendió por culpa de la chispa de la antorcha de un romano llamado Marco.

 

En todos los países, cuando el dinero dejó de circular por la desconfianza a que se perdiera, como el dinero invertido en Lehman, todos se vieron afectados. Se rompieron muchos tratos, y negocios que iban a crear riqueza se paralizaron a esperas de reajustar su precio dentro de la nueva situación global. Además, había 600 mil millones de dólares en pérdidas, que no está nada mal, y muchos bancos le habían dejado dinero a Lehman o tenían operaciones abiertas con ellos.

 

En cada país la casuística fue diferente, en España el golpe vino por el sector inmobiliario. Lo bueno de ser un país pequeño, es que nunca vas a ser el responsable de que la economía global se vaya al garete, lo que tú hagas da un poco igual en relación con las grandes superpotencias. Lo malo, es que te vas a afectar brutalmente por todos los errores y aciertos de los grandes. 


 

En un entorno así, es difícil tomar decisiones porque tendrías que conocer qué van a hacer las demás superpotencias y actuar en consecuencia. Pero, si lo haces de forma prudente y sensata, tendrás grandes beneficios y puedes salvarte de las peores tormentas provocadas por las grandes potencias.

 

Como os decía en el anterior capítulo, en España el poder que emana de la soberanía del pueblo se concreta en el congreso de los diputados, que conforma el gobierno como máximo órgano de decisión (poder ejecutivo). Es decir, los políticos parten la pana y aunque hay un sistema basado en la división de poderes, en la práctica se hace lo que ellos dicen.[1] [2]


Los cortafuegos instalados para evitar crisis, como los bancos centrales o los más altos tribunales, están sujetos a la voluntad de los que gobiernan. Y los que gobiernan tienen como principal objetivo el contentar a sus votantes, para mantenerse en el poder, y para ello usan los medios de información y la manipulación de la opinión pública.

 

Estos párrafos sirven de introducción, no voy a profundizar más en ellos pues el objetivo de esta serie de artículos es intentar pintar un boceto de mapa que os ayude a situaros y tener una opinión económica propia, basada en lo que estudiéis y vayáis descubriendo por vuestra cuenta.

 

Uno de los grandes intelectuales que hoy en día viven, Nicholas Nassim Taleb, siempre menciona que cuando relatamos algo del pasado cometemos falacias narrativas y que no tenemos en cuenta la parte de la no-historia, la parte oculta de la historia.

 

La falacia narrativa, nos lleva a unir puntos del pasado sin conexión creando nosotros una conexión artificial para sentirnos seguros y creer que entendemos todo lo que ocurre. 

 

La parte oculta de la historia, es aquella que no ocurrió, pero tuvo la misma probabilidad de ocurrir que la historia que finalmente ocurrió. Esta no historia afectó de la misma forma que la historia en los hechos que sucedieron, pero cuando relatamos el pasado no la tenemos en cuenta.

 

Reconstruir el pasado te lleva a poder cometer muchos errores, y si tienes ánimo de manipular o justificarte, es tremendamente sencillo saltarte los hechos que no te convienen e hilar lo que te conviene. Pero hay algo que no puedes cambiar, la consecuencia de las decisiones que tomaste y que hoy en día te siguen afectando. 

 

Anatoli Fomenko, justificaba su “Nueva Cronología” basándose en le evolución del uso de determinadas palabras. De forma parecida, creo que la forma más correcta de abordar la historia es reconstruyéndola, explicándoos cronológicamente las decisiones que se tomaron, por qué se tomaron y cuáles fueron sus consecuencias. No puedo entrar a valorar qué es un error y qué no, porque no es mi objetivo y mi escrito perdería validez.

 

Voy a enumerar las decisiones que se tomaron desde 2008 en el ámbito económico, por qué se tomaron, y cuáles son las consecuencias de esas decisiones. Pero antes, una pequeña explicación para poneros en contexto.

 

La Unión Europea es un conjunto de países que aceptan una serie de reglas comunes para actuar en áreas de importancia, para armonizar el ordenamiento jurídico y facilitar la cooperación entre ellas para tener mayor poder de negociación en un mundo globalizado. 


 

La Unión Europea es un gran proyecto, de hecho, es el mayor proyecto humano de la historia de la civilización. Un proyecto tan colosal no se puede poner en marcha de un día para otro, y han hecho falta cientos de años para llegar al estado actual. La Unión Europea está sustentada en acuerdos escritos en Tratados Internacionales.

 

No nos vamos a retraer al neolítico, quiero establecer como comienzo de la narración la creación de la moneda única de la eurozona: el euro. El euro es la primera parte de la palabra que da nombre al capítulo, la eurocrisis.

 

Cuando España adaptó la democracia, se encontró que no tenía socios comerciales ni un tejido industrial serio montado y el óbice que durante años le habían presentado para no entrar en la Comunidad Económica Europea había desaparecido. Quería abrirse al mundo y este era el camino más fácil.

 

Para entrar, a España que era la décima potencia industrial del mundo, se le exigió abordar un plan de reconversión industrial. Este plan tenía como prioridad trasladar el marco contable y jurídico internacional a las cuentas de empresas que tenían cierta sombra de duda por ser muy dependientes del estado, protegidas por monopolios u oligopolios. Además de desmantelar sectores que no tenían competitividad en el mercado europeo ni en el internacional, preparándose para readaptarse a sectores tecnológicos e industrial en los que si pudiésemos competir sin la protección del aparato estatal. A cambio, tendríamos acceso al mercado europeo y tendríamos el buen saber hacer de la industria alemana para crear un nuevo sistema industrial competitivo y moderno, siendo socios comunes. Esta segunda parte del trato nunca se cumplió.

 

A la hora de incorporar la moneda única, el euro, se adoptó por hacer una mezcla de todas las que existían hasta entonces: el franco, la lira y el marco. En el capítulo anterior os introduje lo que significa para un país exportador tener la moneda más barata, ganar competitividad para vender sus productos fuera. Alemania fue la gran favorecida, porque ahora su marco se había vuelto más barato con el euro. España paso a tener como moneda el euro, que era un marco tuneado, y sus exportaciones se vieron seriamente afectadas además de sufrir una inflación el doble de grave porque ahora además de la globalización se sumaba que tenían que usar el “marco tuneado” para comerciar y adquirir productos, y venderlos al exterior, mientras que los sueldos de las personas no se actualizaron al euro sino que se tradujeron al euro por su cambio normal. 

 

Era la segunda vez que Alemania salía beneficiada frente a España. Además, al ser el euro la moneda de la llamada eurozona nos encontrábamos con una situación extraña porque la política monetaria con la que se tienen que arreglar los desaguisados estaba unificada y tenía que ser la misma para solucionar problemas tan dispares como se pueden tener en Alemania o en Grecia. 

 

De las dos ruedas de la moto, nos faltaba una (la política fiscal no está armonizada) y la política monetaria estaba bloqueada y sigue estándolo pues es la misma para Alemania, Francia, Italia y otros tantos países.

 

Nuestra balanza comercial presentaba esta imagen:


Como veis, nos vimos muy desfavorecidos con la implantación del euro, sin industria, sin comercio exterior y con una inflación galopante que se cebó con el sector inmobiliario de la mano de los políticos. Mientras, Alemania ganó un mercado interior europeo brutal, se quitó la competitividad de la escasa industria española que tenía un tejido muy bien orientado para ser desarrollado con un poco de ayuda, y encima debilitó su moneda para triunfar en el comercio exterior.

 

El euro fue y ha sido un fatal negocio para nosotros. La Unión Europea es un tema diferente, Alemania podría habernos ayudado mucho, probablemente un tratado de libre comercio y circulación hubiera sido la mejor forma de abordarlo a corto plazo, nunca lo sabremos. Esto es un debate del que no nos vamos a ocupar, pero que es de máxima actualidad. 

 

Prosiguiendo con la formación de la Unión Europea…

 

A través de los tratados internacionales, se han creado los pilares sobre los que se sustenta la Unión Europea. Estos pilares son normas comunes sobre el comercio, la política exterior, y la economía.

 

En 1992, los líderes europeos, dentro del gran proyecto que es la Unión Europea, se reunieron en Maastricht para estructurar como sería la organización en delante de sectores claves y de políticas que tenían que tomarse al unísono. 

 

No se consiguió ni la Unión Bancaria ni la Unión Fiscal, pero se establecieron tres normas que afectaban mucho a la economía:

 

-Los estados no podían tener un déficit mayor del 3%. El déficit es la diferencia entre lo que recaudan los estados y lo que se gastan. 


 

-La deuda no puede ser superior al 60% del PIB.

 

-Se crea el Sistema Europeo de Bancos Centrales, conformado por el Banco Central Europeo y los demás bancos centrales ¿os acordáis de la independencia de los bancos centrales? Pues ese principio se definió en este momento.

 

La primera norma, la dejamos para más adelante. La segunda, nunca se cumplió, ni siquiera se cumplía cuando se escribió en el Tratado de Maastricht. La tercera, como ya habéis visto hasta ahora, es difícil que se cumpla. 

 

La economía de la europa continental, en contraposición a la anglosajona, está muy relacionada con el negocio bancario. En efecto, en Europa cuando pequeñas y medianas empresas buscan financiación acuden al intermediario bancario, ya que no existe cultura de pequeño inversor o de tener acciones o bonos de negocios locales. Es por eso por lo que la llamada Unión Bancaria era tremendamente difícil de conseguir porque cada país tenía unos intermediarios que actuaban y se estructuraban de forma diferente a la de los demás países.


En España éste fenómeno se ve agravado por lo que os he explicado en el artículo anterior de las cajas de ahorro, el negocio del intermediador está fuertemente vinculado a la economía real de pie de calle. Aquí no hay muchos gafas como en EEUU o en UK. En Italia o en Grecia hay más. El sector financiero tiene muchísimo peso, de hecho, el IBEX 35, que son las 35 mayores de empresas en España que tienen sus acciones en el mercado disponibles para ser compradas y vendidas, tiene una fuerte correlación con el sector financiero. Esto significa que cuanto más ganan las empresas del IBEX35 más ganan los bancos, y cuando ganan menos los bancos también ganan menos.

De esta forma, la interrelación entre el país y el negocio bancario es intensa. Y si tenemos en cuenta que gracias a las UE todos estábamos en el mismo barco, para lo bueno y para lo malo, entenderéis porque es importante que las reglas bancarias sean las mismas para todos. Esto se consiguió en 2014, para entonces ya era tarde.

 

Cogiendo el tema por donde lo dejamos, tenemos el autobús volando en el vacío y unos conductores dándole al acelerador hasta el fondo con políticas de expansión. Se han endeudado para acometer inversiones de dudoso sentido, con la intención de comerse una parte del pastel de la globalización para atraer capital extranjero con infraestructuras modernas. También se han visto afectados por una distorsión de realidad derivada de la incorporación de billones de efectivo y personas al mercado, lo cual los ha llevado a pensar que en las cañerías habría siempre un nivel de agua superior al que de verdad hay.


Pero ahora, la música se ha parado y se ha revelado un agujero monumental en las cuentas.

 

Los inversores de todo el mundo, cuando Lehman cayó, perdieron la confianza en lo que podía estar pasando en EEUU, y acudieron a comprar bonos de deuda pública de Europa como forma de refugiar su dinero.[1][2][3] El problema es que no acudieron a todos los países por igual.

 

Para cubrir el gran agujero, los estados (al no haber una unión bancaria, ni planes de cómo debía resolverse el problema de que una entidad de crédito (bancos, cajas de ahorro, ICO, cooperativas de crédito y por aquellos tiempos los establecimientos financieros de crédito también) estuviese en quiebra) decidieron cubrir esos huecos con dinero público, endeudándose.


Cuando tú te endeudas, tendrás que pagar intereses dependiendo de cuanta deuda acumulada tengas ya y cuanto ganes al mes. En Alemania, con prácticamente todo el mundo trabajando en la industria y pagando impuestos, el déficit era bajo. Y por lo tanto pagaban bajos intereses por su deuda.

 

En España, donde el sector inmobiliario y las oficinas de las cajas de ahorro habían dejado en la calle a millones de trabajadores, cobrando el paro, el déficit se disparó de un año para otro. Y España, cuyo nivel de deuda siempre había sido bajo durante 60 años, ahora estaba obligado a endeudarse para pagar desempleo y pufos de entidades locales y estatales que se habían marcado un sinpa cuando la burbuja inmobiliara reventó. Estaba obligado porque desconocía cuales podían ser las consecuencias de permitir esos impagos hasta el final. 

 



Además, como los propios bancos en su mercado interbancario negociaban con cantidades colosales de deuda pública en sus REPOS, si para tapar huecos los bancos y cajas de ahorro decidían vender todos sus bonos en el mercado con descuento, el estado no iba a encontrar compradores para sus propios bonos de deuda.